viernes, 13 de noviembre de 2009

Reflejos

La luz tibia de amaneceres templados
acaricia las sombras escondidas
de porosos secretos, que se pierden
en sus cuerpos cavernosos,
deshaciéndose en la arena mojada,
donde se reflejan peces multicolores
ausentes de las miradas torpes,
casi miopes a la imaginación
inundando los mares vacíos
que son sobrevolados por gaviotas,
colgadas de un cielo incoloro,
aún por pintar
del color preferido.
Y después, al bajar la marea,
descubrimos las fantasías soñadas
en forma de caracolas,
que nos cuentan lo que queremos oír;
de charcas donde se ahogan las dudas
y olvidamos los pensamientos
que oprimen nuestras conciencias.
En sus aguas limpias y transparentes
buscamos nuestra imagen reflejada
reclamando ser nosotros mismos
y nos aferramos como rocas,
batidas por el oleaje sereno,
sintiendo la brisa fresca,
respirando libertad,
hasta que llega la tormenta
para sumergirnos entre engaños
para escondernos como cangrejos
en una realidad que nos ahoga.