jueves, 25 de junio de 2009

Las Canteras

En la leve sonrisa de un día cualquiera,
en el cálido rayo de sol de un amanecer embriagado,
la piel se retuerce vagamente de placer,
estirándose, hasta casi romperse,
ausente de pasados ni ayer,
sin agobios de futuros inciertos,
recreándose en el paisaje, casi sin mirar,
permaneciendo…,
como si fuera un cuadro de segundos eternos,
con los sentidos ordenados:
sintiendo el pesado cuerpo,
rozando en la arena, algo húmeda,
oyendo el murmullo lejano de las olas,
roto por el quejido de alguna gaviota.
Olor a mar salado.
Junto a las huellas de amigos desconocidos
cierro los ojos para no pensar,
sin encontrar nada en mi interior,
sin importarme ese vacío que me inunda,
echando de menos el presente, casi infinito,
sin querer terminar estas letras que me transportan...
y vuelvo a recordar que no estoy en las Canteras,
que no soy un lobo marino de otra época,
que ya no hay gaviotas que vuelen,
que la mar está desabrida,
que los rayos de la Luna no iluminan,
que la piel se marchita,
que ya es tarde,
que ya es hora,
que ya duermo…
y vuelvo
a soñar.