Cuando llegué al paraíso, me pregunté qué dios me trajo
hasta aquí si sólo tengo fe en mí, sólo en mi profundo convencimiento de volar
hasta lo más alto posible, a costa de de los demás, a los que vi caer al abismo
implorándome ayuda,mientras yo los observaba indiferente, convencido de que
para existir vencedores tienen que haber muchos más perdedores, y sobre sus
cadáveres fundé mi imperio. Y ahora estoy aquí lejos de todo, en esta paz
inmensa, en medio de la calidez que me soporta, rodeado de un azul celestial,
en el Edén del que tanto oí hablar y que me aseguraban que era el destino del
honrado y del trabajador, y no para granujas como yo. ¡Qué equivocados estaban!
¡Qué lejos de la verdad se hallan los ignorantes cuando no quieren ver! Como si
yo no me mereciera más estos placeres que otros, incapaces de creer en sí
mismos; que aquellos débiles cuyos rezos no le sirvieron de nada, ni su vida
ejemplar y sacrificada de verdaderos imbéciles. No, sólo los hombres como yo se
han ganado este premio, los guerreros
más fuertes, los más astutos, sólo los más ambiciosos y sin falsos
escrúpulos supimos sobrevivir entre tanta sangre para llegar hasta aquí.
Firmado: Anónimo, Islas Caimán, verano de 2011.
Este blog es un parto prematuro en el que el autor aún anda aprendiendo a cambiar pañales. A modo de incubadadora, solo pretendo que éste sea un lugar cálido y acogedor donde lo más importante sea compartir y aprender para seguir creciendo. ¡Bienvenidos!
martes, 15 de noviembre de 2011
viernes, 11 de noviembre de 2011
El volcán
Antes de que a
alguien se le ocurriera inventar el
telégrafo y se tendieran miles y miles de kilómetros de cable,
uniendo continentes y océanos, como si se tejiera una inmensa tela de araña
para atrapar al mundo para siempre; las noticias se tomaban su tiempo para
recorrer las distancias, a veces insuperables, otras tardaban semanas, meses en muchos casos. Las cosas ocurrían
cuando tenían que ocurrir, sin prisas, en su momento. Las guerras se hacían en
verano y luego se sembraba. Los días eran
largos, la vida corta. Y todo ya estaba escrito, sólo había que
esperar y morir y resucitar.
Cuando escribo estas palabras puedo hacer
clic con el ratón en una pestaña del
monitor y saber si ya hay un nuevo gobierno en Grecia o en Italia;
si el dictador de un país de África es el mismo de ayer o la OTAN y/o el
presidente Obama han puesto a otro; si ya estamos salvados o nos hundimos
definitivamente en la crisis económica que nos tiene atenazados; si los hijos
de Rajoy se han comido hoy los dos plátanos o no; si el paro sigue aumentando a
unas cifras de vértigo o existen los milagros, o si el dichoso volcán del Hierro estalla de una vez o
nos va a tener en ascuas para siempre.
Ya nos estábamos acostumbrando a esto de la
Globalización, para lo bueno y para lo
malo; al Cambio climático; el agujero de la Capa de ozono; las canciones de
Pepe Benavente… pero, últimamente, parece que todo se precipita y nos acercamos al abismo.
El terror nuclear tras el accidente de Fukushima nos ha puesto los pelos de punta y
ya tememos lo peor, en cualquier momento la historia se puede repetir en
cualquier país como el nuestro, menos avanzado que el del Sol naciente. Pero también
vuela sobre nosotros la sombra de
una crisis desconocida hasta ahora por sus dimensiones y terribles
consecuencias. Ya se habla de un después donde nada será igual que hasta ahora
y nuestras
vidas se llenan de interrogantes: ¿China la nueva potencia?
¿Dejaremos de ser un país rico? ¿Cuándo me quedaré sin trabajo? ¿Una Unión
Europea sin unión y sin Europa? ¿Qué va a pasar con España? ¿y la sanidad? ¿y
la enseñanza? Y tantas otras cosas…
El vértigo nos acorrala
y nos va devorando por dentro, minando nuestras ilusiones,
carcomiendo la esperanza, rebajando nuestras expectativas hasta quedar colgados en el presente, en ese
abismo al que no nos atrevemos a mirar. A veces parecen que hasta los apocalípticos
hayan enmudecidos superados por una realidad que se muestra despiadada como si fuera todo a explotar.
Y tanto es el miedo a lo que pueda ocurrir que casi deseamos
que ocurra de una vez por todas para poder superarlo cuanto antes. Todo
eso, de alguna manera, parece que está simbolizado por el volcán
del Hierro, esa continua amenaza, una posible erupción que puede ser
violenta o explosiva y que puede surgir en cualquier momento y en cualquier
lugar de la isla, mientras los sismos aterrorizan sin tregua a sus habitantes. Pocos hombres y mujeres han conocido, en la
rica y tranquila Europa, una situación tan llena de incertidumbre, donde nos estamos
jugando tanto nuestro porvenir, incapaces de
hacer nada, superados por las adversidades, solo contemplando las
aguas del Mar de Las Calmas esperando a que todo ocurra, como si, de repente, nos diésemos cuenta de que somos mortales, mientras se agrieta, cada vez más, nuestro Olimpo.
Decisión
Había puesto todas sus cartas sobre la mesa y, ahora, era consciente de que no le quedaba otra opción que vender su alma al diablo. No lo dudó ni un segundo y se propuso huir lo más lejos posible. Rápidamente se subió al coche y en un santiamén se puso en el aeropuerto. Por más que buscó no encontró a nadie que lo mirase a los ojos, justo en el instante en que extrajo la pistola del estuche. No escuchó el ruido ensordecedor, ni percibió como la bala se abría hueco entre sus sesos reventados. Solamente sintió el cálido resplandor que lo acogió, antes que el calor lo penetrara y deformara la sonrisa que acompañaba a sus palabras: “Ya estoy aquí…” Finalmente su mundo se había convertido en un infierno.viernes, 4 de noviembre de 2011
Alucinación
Cuando estás ahí, un aire impuro y espeso ahoga todas tus esperanzas; las venas de tu cabeza se te hinchan como si fueran a reventar y tu piel se tensa y enrojece haciendo más visible la expresión de odio y rabia de tus ojos.
Siempre hay algo que te invita a levantar la vista, como si quisieras agujerear el techo de la cueva, donde te hallas prisionero, para llegar hasta el cielo y suplicar sin amor, sin nada a cambio que ofrecer. Es entonces cuando te das cuenta del vacío que sientes y hasta qué grado te desprecias.
–Chacho, colega, déjate de rollos, ¿me vas a comprar las joyas de la vieja, o no? Que te juro que es para comprarme un aipá de esos. Joo, vaya tela tiene el literato este.
lunes, 31 de octubre de 2011
Sin nombre
Tus dedos dibujan letras en su cara,
mientras sonríes siguiendo su mirada
que se agarra a la vida estéril y seca
asiéndose a tu cuello
para no caer en el abismo,
buscando leche en tus pechos de piel y llanto,
encarándose ,malhumorado,
a los minúsculos buitres que lo acosan
y muerden sus labios y sus ojos
mientras él los golpea con su rabia.
Escribes sobre su piel
nombres impronunciables
porque sabes que apenas podrás usarlo
ni siquiera para llamarlo cuando agonice
ni siquiera para seguir su rastro.
No necesitará mares
para contemplar la belleza,
ni frondosos bosques para exaltar el espíritu
solo sentirás un suspiro
y lágrimas de alegría
al recoger el polvoriento mendrugo,
un grito de emoción
cuando la sed se alivia,
Y nosotros nos volveremos ciegos como él
para no vernos
ni reconocer su olor fétido en los basureros.
domingo, 23 de octubre de 2011
Desayuno familiar
Era un día nublado, pero en el interior de aquel hogar siempre daba la impresión de que resplandecía el Sol durante el fin de semana, y que se extendía un cálido ambiente adormecedor. Como todas las mañanas del domingo, la joven pareja se parapetaba, con sus dos hijos, frente al televisor, aún en pijamas y abrigados con numerosas mantas, mientras los pequeños, como dos cachorrillos, se empujaban buscando el calor de sus padres, que los abrazaban y acariciaban mientras ellos no paraban de jugar hasta que comenzaban las noticias. Era el programa preferido de toda la familia, que provocaba que se excitaran nada más oír la música de cabecera, manteniendo toda su atención y concentración. Marta hacía un intento de levantarse para ir a preparar el desayuno, pero sabía que Jose la retendría para ofrecerse él. No le importaba, le encantaba mirarlos tiernamente desde la cocina, que quedaba abierta al salón por un gran ventanal y a la terraza, desde donde se divisaba el frondoso bosque que cubría las montañas. Jose disfrutaba con solamente contemplar cómo sus pequeños y Marta se llevaban las manos a la cabeza y reían al ver aquellas graciosas imágenes de la tele. Era sorprendente ver como gritaba el dictador mientras le arrancaban literalmente los pelos de la cabeza hasta convertirse en un amasijo de sangre que caía por su rostro horrorizado. Los niños parecían explotar de risa al ver al personaje suplicar mientras lo linchaban a patadas entre el tumulto. Uno de los pequeños, sin dejar de reír, comparaba esas divertidas imágenes con la de la noticia sobre la violación y asesinato de una mujer la semana anterior, en la que se podía observar como sus gritos se ahogaban antes de perder el sentido a medida que se desangraba por las numerosas cuchilladas que le habían asestado aquella banda juvenil. Jose, que no quería perderse todo el espectáculo se apresuraba con la bandeja del desayuno que colocaba entre los suyos. En ese momento es cuando llegaba la madre de Marta que al abrir la puerta se encontraba con aquel espectáculo “¡¿cómo pueden dejar ver eso a los niños?!” –gritaba escandaliza– frente a los gestos de indiferencias de Marta y Jose que se miraban riéndose “¡no seas anticuada mamá!” –le respondía Marta, mientras su madre seguía mirando con horror cómo sus pequeños nietos devoraban compulsivamente sesos humanos de Irak, costillas de niños de Somalia, riñones haitianos, zumo de ojos de narcos mejicanos y asado de desaparecidos macerado con tripas de toreros muertos.miércoles, 5 de octubre de 2011
Los hombrecillos
Dicen que los grandes seres que gobiernan el mundo, a veces, se reúnen en secreto en algún lugar del espeso bosque. Llegan desconfiados y temerosos de que los descubran, recelando de los otros, mostrándose hostiles y agresivos, como si tuvieran miedo. Cuando rebasan la puerta principal, se quitan sus pieles y se descubren, para luego salir del interior de sus titánicos cuerpos unos miserables hombrecillos desnudos, temblorosos y asustadizos, de grandes ojos que sobresalen de sus pálidos rostros enfermizos.
Ya en el interior de la humilde casita de madera, bajan por una larga rampa, moviéndose torpemente, chocando unos contra los otros y emitiendo pequeños gruñidos, como si fuera una manada de ratas desorientadas. En la oscuridad, el silencio parece adormecerlos hasta que se oye la débil voz de uno de ellos, que inicia una especie de plegaria que repiten los demás intermitentemente, provocando un murmullo que se vuelve ensordecedor a medida que rezan cada vez más rápido, casi gritando, a la vez que despiden un olor nauseabundo que ilumina todo el espacio, hasta que, casi al unísono, comienzan a vomitar una especie de jugo verdoso muy espeso con babosas flemas ensangrentadas.
El lugar se vuelve fangoso e irrespirable. Es entonces cuando, precipitadamente, salen exhaustos y jadeantes de allí, con sus estómagos vacíos, y, tras ponerse sus enormes disfraces, se mueven entre ellos violentamente, como si estuviesen bailando una danza guerrera, mientras que, a modo de lamentos emiten, abriendo exageradamente sus fauces voraces, unos rugidos atronadores que se extiende por todo el planeta, tras lo cual comienzan a correr en todas las direcciones, dispuestos a devorar el mundo y saciar nuevamente su codicia desmedida.
miércoles, 6 de julio de 2011
Oscurece en Las Palmas de Gran Canaria
Presentación de Oscurece en Edimburgo
La primera novela escrita de forma conjunta por 7 autores
Jueves, 7 de Julio de 2011, a las 19.30 h.
El Corte Inglés
(Mesa y López, 15 – 7º planta)
Oscurece en Edimburgo ha roto la dinámica de escritura unidireccional, escritor-lector. En dicho acto y como presentación a nivel nacional de la novela, se debatirá sobre la dificultad de escribir una novela por varios autores y la experiencia vivida en el proceso de su escritura. Una novela que nace sin plan de escritura previo, sin personajes definidos y mucho menos sin final. A modo de carrera de relevos.
A medida que pasa el tiempo y a medida que avanzan los nuevos sistemas de comunicación, la forma de comunicarse entre lector y escritor avanza también. Se trata de encontrar nuevas maneras de escribir, de trasladar el mensaje y en Oscurece en Edimburgo se ha conseguido.En una novela, el lector se acomoda a la voz que traza un narrador, una voz que, a lo largo de la historia pueda tomar diferentes matices, pero es una. En el caso de Oscurece en Edimburgo ¿cómo conseguir que esa voz parezca única, si proviene de siete plumas distintas? Éste, ha sido uno de los retos que se ha superado en esta novela. El lector se encontrará con siete modos de hablar que, sin embargo, se han empastado entre sí hasta formar una coral de sonido compacto y unísono.
El proceso de la construcción de la novela ha estado expuesto en internet durante nueve meses, y los lectores han opinado capítulo tras capítulo, han entrado en la cocina de la creación y han visto como esta obra se ha ido edificando y en muchos casos su opinión se ha tenido en cuenta. El resultado, una novela negra de capítulos efervescentes, donde no existen capítulos de transición ni de relleno. Vértigo literario.
Dicho acto será presentado por Antonio Lozano y contará con la presencia de varios de sus autores: Francisco Concepción, Marcos Alonso, Dácil Martín. y Ana Joyanes. El resto de coautores de Oscurece en Edimburgo son: Amando Carabias, Anabel Consejo, Inmacuala Vinuessa.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
La sal de tu ausencia
Alguna veces, cuando los días nos dejan solos huelo la sal de tu ausencia y presiento el murmullo de tus secretos que se petrifica...
-
Los ojos más bellos que horadaron el tiempo se han dormido en tus manos y la cama vacía se ha acurrucado de sonrisas heridas, ...
-
Alguna veces, cuando los días nos dejan solos huelo la sal de tu ausencia y presiento el murmullo de tus secretos que se petrifica...
-
Sol en tus ojos y en tus manos en el azul que ahoga de alambrada blanca. Tierra en tus ojos y en el aire garras de avion...
