Cuando estás ahí, un aire impuro y espeso ahoga todas tus esperanzas; las venas de tu cabeza se te hinchan como si fueran a reventar y tu piel se tensa y enrojece haciendo más visible la expresión de odio y rabia de tus ojos.
Siempre hay algo que te invita a levantar la vista, como si quisieras agujerear el techo de la cueva, donde te hallas prisionero, para llegar hasta el cielo y suplicar sin amor, sin nada a cambio que ofrecer. Es entonces cuando te das cuenta del vacío que sientes y hasta qué grado te desprecias.
–Chacho, colega, déjate de rollos, ¿me vas a comprar las joyas de la vieja, o no? Que te juro que es para comprarme un aipá de esos. Joo, vaya tela tiene el literato este.
2 comentarios:
woooooooooooooww!
Como has cambiado! Tenía tanto sin visitarte y ahora que lo hago que agradable sorpresa. Es impresionante el trabajo que le has dedicado.
Ya andaré por aquí más seguido.
Saludos!
Gracias Gaviota por tu regreso, siempre se echa de menos tu alegre vuelo.
Un beso.
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