lunes, 11 de octubre de 2010

SARAQUSTA





Sobre los campos de batalla

se esparcieron las cenizas de tus hijos

y la tierra se volvió fértil y amable.



Ahora su orgullo se erige firme y férreo

sobre los tejados de sus moradores,

temerosos de la cólera de los dioses

con su aliento helado del Cierzo,

el inquisitorial tormento del sol del verano.





Impasible…

como en un remanso

recostada sobre el inmenso valle

el río te bendice con sus aguas

que son tus venas ensangrentadas,

la de tus hijos derramada,

la que amasa la tierra

de donde salen los ladrillos que te encarnan

construyendo Historia

entre murallas y llantos.



Y Como una gran madre

pariendo dolor

tu mirada se eleva

sobre la llanura,

vigilante



sábado, 9 de octubre de 2010

Mi amiga

     Sé que tengo que acostumbrarme a oír el susurro de la brisa destemplada, que confundo con tu voz, cuando acaricia el rostro amigo. Sé que el futuro ya no será igual sin ti cuando los horizontes del mar, ahora desabrido, se rindan y se nieguen a seguir la partida, como si les hubiesen hecho trampa.

Nunca pensé que se notara tanto una estrella más en el cielo, y que su calor fundiera el hielo de nuestras almas para arrancar viejas lágrimas contenidas que ahora brotan de nuestros ojos cuando tu recuerdo nos invade.

     Sé que te llamamos, en voz baja, cuando estamos solos, para que compartas tu risa con nosotros y siembres con ella la cálida paz que nos hace sonreír y nos llena intensamente.

     Ahora sé que la vida tiene color y perfume, un color lleno de matices que has pintado en nuestras vidas, que no precisa de contornos para descubrir la verdadera importancia de las cosas, y ese aroma intenso, lleno de esencias, que has dejado en el aire y que respiramos hasta que nos duele el pecho, sin desperdiciar las más mínimas sensaciones ni el más insignificante detalle.

     Y siempre sentiremos tu presencia porque te llevamos dentro, en lo más hondo, acompañados de tu sonrisa, contemplando tu brillo que nos ilumina y da fuerzas.

En memoria de Angélica

martes, 31 de agosto de 2010

Tras la sonrisa XVII




    La noche se anunciaba hermosa. El mar, tranquilo, se oscurecía de sombras y el barco parecía batir las olas con suavidad, como si caminara de puntillas. A lo lejos, los últimos destellos de luz se apagaban sobre la costa, que se adivinaba en el Poniente, coronada por un velo sedoso de nubes ensangrentadas. El mar susurraba y la brisa fresca aliviaba los cuerpos ligeros y agobiados que subían a cubierta para despedirse del día y contemplar el cielo estrellado y limpio, como un guiño de la buena suerte, antes de ir a cenar al restaurante.

   Juani lucía un traje muy colorido de estampes étnicos, que le daba un aspecto muy juvenil y resaltaba su bronceado y su melena rubia. Subía las escaleras de forma apresurada y risueña, sujetándose el traje y el chal. En su mano tenía el móvil, que volvía a mirar, “Estamos en cubierta, tenemos poca batería, Victoria”. La coquetería de Juani le pasa algunas facturas, se negaba a llevar gafas, “…total, apenas son un par de dioptrías...”, en realidad las suficiente para confundirse con frecuencia y perder amistades o hacer amigos anónimos. Allí la vio, sobre la otra cubierta, con el pañuelo ondeando al viento, mientras la saludaba con la mano.

-¡Victoria! –Grito, mientras su amiga levanta, aún, más el brazo, confirmando ser quién Juani creía que era.

   No se terminaba de acostumbrar a orientarse en el gran barco, ni lograba identificar los lugares del navío con claridad y, con frecuencia, daba vueltas sin darse cuenta que volvía al mismo lugar. Tardó en encontrar la escalera exterior, con la que subir a la cubierta superior, cuando lo estaba haciendo, notó como el viento arreciaba, fruto de la velocidad del barco y el viento en contra. Una vez arriba, buscó a su amiga, protegiéndose los ojos del viento con una mano, mientras que con la otra sostenía el pequeño y gracioso bolsito que lo sujetaba junto al chal, para que no se volase. No la vio donde esperaba. Extrañada corrió por un lado del barco, no había nadie, parecía que ya todos habían bajado a cenar. Bueno, se veía una luz…, una luz reflejada en una especie de… esfera muy grande…que se elevaba por la chimenea y caía por las cubiertas rodando… En la superficie transparente se formaban dibujos, que pronto se deformaban adoptando colores muy tenues, para volver a aparecer figuras con mayor claridad. Juani estaba tan extrañada como yo, no lográbamos entender todo aquello, parecía un sueño… hasta que de repente lo vimos con claridad… ¡Eran nuestros amigos lectores! ¡Dácil Martín y Amando Carabias! Se movían por la superficie de la gran pelota transparente, sin que pareciese que se percataran de que estaban allí. Miraban a todas partes, sin que se vieran, parecían felices, al menos sus sonrisas los delataban, y se empeñaban en agacharse, como si se escondiesen, realmente parecían unos polizones. Un fuerte azote de viento hizo que Juani cerrase los ojos con fuerza, cuando volvió a abrirlos la pelota había desaparecido, entonces dudamos de que todo aquello hubiese sido real. Sin embargo, y cuando ya parecía renunciar a buscar a su amiga vio un bulto que se movía tras una de las grandes vigas exteriores, junto a la barcazas que quedaban colgadas sobre la cubierta. Con disimulo se acercó, evitando que la vieran, al hacerlo oyó unos sonidos inaudibles pero presintió que eran gritos de una mujer, pensó en Victoria, Un hombre parecía furioso y forcejaba con ella. De repente el hombre la golpeó y, al perder el equilibrio la mujer, éste aprovechó para empujarla fuera de la borda y sin mucho esfuerzo la tiró hacia el mar. La silueta del hombre parecíó petrificarse, encorbado hacia el exterior, mientras se llevaba las manos a la cabeza. Sin embargo, a los pocos segundo reaccionó, moviendose rápidamente, a la vez que miraba a su alrededor buscando algún testigo, antes de desaparecer apresuradamente. El corazón de Juaní dio un golpe, como si quisiera salir del pecho, quedando sin respiración cuando de un salto se ocultó tras un saliente. Sus ojos se afanaban en desprenderse de sus órbitas, como si se quisieran arrojar al vacío. No lo podía creer, se repetía una y otra vez y como si fuese un autómata. Enseguida hizo el montaje de la película; se veía venir, el bueno de Juan, por una vez en su vida despertó el demonio que llevaba dentro, nunca lo habían oído rechistar ni quejarse de lo más mínimo.

miércoles, 16 de junio de 2010

El renacimiento de Eva

Resurges impetuosa
enarbolando la razón de los deseos,
los hechos consumados de la imaginación;
provocadora,
te acompaña la mirada que petrifica,
gorgona contemporánea,
que acechas asesina;
humedad de voluptuosas formas,
gotas que acarician tu cuerpo
entre los granos arenosos
que condecoran tu piel mojada;
las huellas que se arrastran por el pasado,
de turbios recuerdos,
en la arena ensalitrada,
te persiguen atormentadas
sin alcanzar tu desmemoria,
y una ingenua sonrisa,
casi maliciosa,


borra esa estela
de espuma blanca,
que brota del semen marino
del dios dolorido,
déspota celeste,
violador de voluntades
que copula sobre la tierra fértil
y que te engendró
entre el grito desgarrado
y el deseo incontrolable.
Ahora llevas en los ojos
el brillo de tu padre,
su prepotencia
en tu belleza exultante,
su fuerza
en tu fragancia irresistible,
su rabia
en tu contoneo sinuoso,
su obsesión
en tus pérfidas promesas,
su locura
en tu deseo caprichoso
que contagias a los mortales,
arrebatándoles la razón
cuando la desesperación llega
tras desvanecerte en sus sueños.

jueves, 10 de junio de 2010

Tras la sonrisa (XVI)


-¿No te habré despertado Victoria? ¿te noto como si estuvieses media dormida? –Preguntó Juani, temiendo haber sido imprudente.

-No, no es nada, solo que me acosté un rato sobre los cartones porque estaba un poco mareada- Dijo Victoria Eugenia, aparentando normalidad pero sin quitarle un ojo a su vecino.
-¿Sobre los cartones? -Preguntó extrañada Juani.
-Ah, no, es un decir, me refiero a los colchones de la suite. La verdad que está estupenda, la decoración es preciosa y las vistas ni te cuento –Explicaba Victoria Eugenia con todo lujo de detalles, mientras el hombre negro, que se había sentado al el otro lado de la callejuela, miraba a su alrededor buscando, atónito, la “decoración preciosa” de la que hablaba Victoria Eugenia.
-¡Vaya! Con que una suite, ya veo que os va de maravilla. Por cierto, hemos visto a Juan hace un momento pero lo hemos perdido. Estaba muy gracioso y divertido hablando con una camarera morena muy guapa y bailando –Dijo Juani insinuósamente.
-Gracioso sí, no te imaginas las gracias que me ha hecho, no he parado de reírme, aunque, no creas, yo he bailado también lo mío, tengo los pies destrozados –Dijo Victoria Eugenia disimulando su situación.
- Oye, a ver si nos vemos pronto, lo vamos a pasar de maravilla, ya verás –Dijo Juani muy animada y deseando encontrarse con su amiga.
-Sí, la verdad que sí, Juani, este crucero es una maravilla –Dijo con lágrimas en los ojos- lo vamos a pasar muy bien. Ya Juan llamará para vernos, que mi móvil no funciona bien y me estoy quedando sin batería –Dijo Victoria Eugenia, antes de despedirse apresuradamente cuando observó que se acercaba una pareja de la policía municipal.
Como pudo, se levantó muy dolorida y se acercó a los dos policías, muy compungida y nerviosa, agarrando a uno de ellos, sin darse cuenta del aspecto que presentaba.
-¡Agente, agente, ese africano me ha atacado! –Gritó, señalando al hombre negro, sin soltar al policía, que se asqueaba al verla tan sucia y con las manos ensangrentadas.
-¡Quita loca! –La apartó el policía con expresión de repugnancia para después sacudir su uniforme como si evitara contagiarse de algo.
-Espere un momento -Dijo uno de los agentes, mientras el otro se acercó al hombre negro, que miraba impasible preparándose un café con una pequeña cocinilla de camping.
-Buenas tardes, Doctor Janssen –Saludó militarmente el agente cuadrándose delante del “africano” ante la sorpresa de Victoria Eugenia.
-Hola Migué –Respondió el doctor- ¿cómo va eso? –Preguntó sin dejar lo que estaba haciendo.
-¿Qué ha ocurrido aquí, Yan? –Le preguntó el municipal.
Yan le contestó en voz baja al policía, que le interrogaba, mirando de reojo a Victoria Eugenia, que recibía las aclaraciones del otro agente y se enervaba, al comprobar que el interlocutor de Yan se reía sin parar al escucharlo.
-¿Cómo que doctor? –Se quejaba Victoria Eugenia por el trato que le dispensaban a Yan.
-Sí, es un doctor holandés y es muy apreciado en el barrio.
Cuando el otro agente regresó sonriente, también saludó a Victoria Eugenia, que se seguía mostrando contrariada y enfadada.
-Bueno señora, al parecer ha habido un malentendido. Usted se ha caído y el doctor Janssen, simplemente, la ha atendido –Dijo, señalando al vendaje casero que llevaba puesto Victoria Eugenia en la rodilla, antes de despedirse y seguir su camino sin dar más explicaciones a la que parecía una mendiga loca.
-Adiós, doctor Yan. Adiós, señora. Ah, y que tenga una feliz travesía y disfrute de la suite –Dijo el policía riendo, ante la extrañeza de su compañero.

Victoria Eugenia incrédula ante lo que estaba viviendo, no entendía como el agente municipal sabía lo del crucero ni como aquel espantapájaros era holandés y doctor. Ahora, comprendía el numerito que había montado y se sentía ridícula y avergonzada ante el gentil doctor. Tras recoger sus cosas, se acercó hasta Yan y, tragándose su orgullo con gran esfuerzo, se disculpó como pudo, sin que Yan le hiciera mucho caso. Éste le puso una tacita de café en las manos de Victoria Eugenia, sin que ésta se atreviera a rechazarlo, hacía tiempo que no había comido nada y ya su estómago se empezaba a quejar. Sentada en aquel rincón tecleó un mensaje por el móvil y se quedó quieta, sin quejarse, compartiendo algunas galletas con Yan, hasta que quedó rendida sin darse cuenta.

lunes, 7 de junio de 2010

Chani en el bosque encantado

   Durante años hemos recorrido el mismo pasillo, estrecho y oscuro, donde la luz se vuelve miserable y anidan tristes azulejos, que la sombra decolora; hijo de los días grises que nos apenan como si fuera catacumbas, asfixiando las sonrisas y encendiendo los ojos que buscan angustiados la salida. Y cuando crees que ésta se aproxima, las corrientes humanas se arremolinan llevándonos con ellas para alejarnos de nuestro destino.

   Cuando vemos un claro en el bosque, luchamos contracorriente entre las raíces agrias y fuertes, de savia añeja y cortezas rencorosas, para llegar a un recodo del río donde surge una luz amable que nos invita a descansar. Es un lugar fresco y familiar, con agradables fragancias, que nos insita a charlar y reír, olvidándonos del fatigoso viaje y del próximo encuentro con belicosas tribus río arriba.

   Como una lámpara de los deseos, conseguimos todos los pertrechos para proseguir el viaje. Una voz amiga te complacerá y sus ojos se iluminarán para darte la bienvenida en forma de tierna sonrisa. Allí descansamos y dejamos la pesada carga, el malhumor o las penas, que son quemadas en hogueras festivas purificándolo todo y sus malos humos son aspirados por los árboles milenarios de savia rica.

   Si preguntas por ella todos la conocerán y recordarán su paso por esas aguas como un canto de sirena del que ya no querrás separarte. Y, mientras el reposo se vuelve placentero, te contarán mil historias y leyendas, que te llenan de curiosidad y tu mente vuela hacia otros mundos encantados, de misterios insondables, y mil imágenes se mostrarán ante ti para contarte tantas historias incontables.

   Sí, esa parte del bosque encantado tiene alma. Desde hace más de cuarenta años, cada día, ella hace respirar a la jungla, sin que los demás nos demos cuenta, y alimenta cada uno de sus latidos… y las fieras se vuelven dóciles, al verla, respetuosas y agradecidas, casi siempre.

   Son muchos años y algún día se irá, y sabemos que ese día será pronto, muy pronto, inevitable… Después, seguiremos viajando por estos ríos secos entre penumbras, en cada recodo habrá luz y su huella quedará, siempre; pero, cuando pases por ese lugar, no podrás evitar sonreír, porque sabrás que, de alguna manera, seguirá ahí y te sentirás chanimente feliz.

jueves, 3 de junio de 2010

Momento


Como ladrillos que recorren la pared,
el dolor se amasa con sombra fresca


y se cuecen
a fuego lento,
viejo,
ahumado por la culpa
con su calor sucio
que corrompe
y la salud se reciente
hasta que grita,
como un manifiesto
que propugna el fin de algo,
algo que ya no queda,
como si fuera el alma rota,
una coma en cada frase,
un respirar profundo
cuando no tenemos nada que perder,
cuando el reino se ha rendido
y la luz se aleja en la tarde,
 despacio,
 vislumbrando la sombra muerta,
el momento último,
   la mirada quieta,
el frío mármol.

miércoles, 2 de junio de 2010

Cuentos chinos

   Nunca antes había escrito sobre mí en este blog, no lo había considerado necesario, ni siquiera para opinar sobre algún hecho o alguna cuestión, no es esa la función que dio luz a este blog, y que aspira a reflejar el pulso artístico y literario actual.

   Permítanme, sólo hoy, pues puede ser la última vez que escriba, que me desfogue, ahora que me siento triste y amargado; y siento decirlo, creo que también lo estarán ustedes cuando terminen de leer este artículo, al menos aquellos que les gustan escribir y/o sueña con ser escritores algún día.

   Nos gusta ser aceptados, por eso vestimos a la moda; vamos a la peluquería (en mi caso es un decir) para que nos hagan peinados que desafían las más elementales leyes de la gravedad; aprendemos chistes, incluso los ensayamos en casa, para luego, entre los amigos, resultar graciosos y simpáticos; o nos empapamos en documentales televisivos, Internet o libros sobre diversos temas, desde el futbol hasta la influencia de los caracoles polinesios en el desarrollo artístico del Renacimiento y sus consecuencias en el modelo turístico alternativo.

   A los que nos gusta escribir, los escribidores, como diría mi amigo Amando Carabias, o a los que ya son escritores con-sagrados o con-sangrados, también, queremos gustar a los lectores. Queremos que nos lean y nos aplaudan, lo necesitamos, es lo que da sentido a lo que hacemos, lo que nos mueve y da fuerzas.

   Pero cuando el arte se vuelve ciencia, o peor aún, negocio, caemos en las manos más deshumanizadas del Liberalismo económico y las leyes del mercado, allí donde concurren la oferta y la demanda, en nuestro caso escritores y lectores. Si yo fuese el único escritor, por muy mal que escribiese, sería el más famoso y todos me leerían. La realidad no nos quiere sonreír, cada día son más los que quieren escribir para los menos que quieren leer. La suerte de los árboles es nuestra desgracia, se prevé que disminuya la publicación de libros, mientras que los soportes informáticos se extienden como un virus con inmunodeficiencia adquirida, con ellos también todos nos convertimos en autores cibernéticos en busca de lectores. Sin duda somos muchos: lo aceptamos y mantenemos nuestras esperanzas. Sin embargo, hoy me derrumbado tras llamarme la atención un artículo: “Un millón de chinos se ganan la vida escribiendo en Internet”. Ya lo he decidido, volveré a mi anterior afición, la jardinería tiene la ventaja que le puedes contar mil cosas a las plantas sin la menor queja por su parte, además, siempre podrás contar con ellas, siempre estarán ahí, contigo.

La sal de tu ausencia

Alguna veces, cuando los días nos dejan solos huelo la sal de tu ausencia y presiento el murmullo de tus secretos que se petrifica...