lunes, 12 de marzo de 2012


Las mareas

En las mareas,
donde anidan el tiempo perdido,
la cobardía de vivir
se va deshaciendo
lejos de la maleta
que persigue la mirada
cuando los pasos mueren
sobre una alfombra de mentiras.

En las mareas
perdemos los recuerdos
viajando
por los mares de espinas
dejando un reguero de huellas sin pisadas
que juran el retorno sin lamento
cuando las madres reposan en la ausencia
 y sus hijos anidan en sus tumbas.

En las mareas
los años deambulan mendigando
horizontes nuevos que conquistar
en un mar prestado  sin caricias
de sombras indoloras donde hundir las raíces
ahogándonos en la podredumbre
cuando sabemos que todo está perdido
pero incapaces de dejar el juego.

viernes, 20 de enero de 2012

Ataud




Se acercó sigilosa, despacio, engañando al tiempo para retrasar la despedida, el último adiós, el beso en sus labios fríos, el fin de una historia como cuando se pasa la última página antes de cerrar el libro. Sintió como sus fuerzas flaqueaban. Sus piernas, incapaces de mantener su cuerpo, provocaron que sus manos se apoyaran en la fina madera del ataúd  y sintió, entonces, su suavidad, como una tierna caricia que la reconfortó hasta provocarle una sonrisa. Se excusó en su abatimiento para rozar sus mejillas sobre la tapa de fina madera, repujada en sus bordes donde formaban graciosos elementos decorativos vegetales que caían por los laterales; disimuladamente extendió sus brazos sobre aquella obra maestra reconociendo sus formas y, así, pasó un rato, sin que se percatara de que su esposo seguía muerto. Cuando fueron a buscarla costó que reaccionara  y se apartara del precioso ataúd, cayendo en esa admiración todos los que se acercaban y tocaban su cuerpo de fino ébano. Cruzaban sus miradas incapaces de describir las sensaciones que ello  le producían, así,   el rumor se fue extendiendo  y multiplicando por todas las salas del tanatorio, atrayendo a todo tipo de gente que nunca habían conocido al difunto o a su familia. En menos de veinticuatro horas se inició toda una peregrinación llegando gentes de todos los barrios de la ciudad, incluso de otros lugares de la provincia. La noticia se había extendido por internet y los medios de comunicación  y al día siguiente empezaron a llegar más curiosos de todo el país y los primeros turistas extranjeros, junto a destacadas personalidades religiosas, políticas y del mundillo de los famosos. El gobierno autorizó que el velatorio se alargara durante cuatro días más, dada la repercusión mediática y las consecuencias económicas que de ese hecho se empezaba a producir, hasta que el mal olor se hizo inaguantable. Fue en ese momento cuando se reunieron las principales autoridades  para tomar una determinante  decisión: sustituir al difunto por otro más “fresco”. Es así como este lugar se ha convertido en un referente mundial, y, a pesar de haberse  creado otros tanatorios similares en régimen de franquicia,  ninguno como éste ha alcanzado la popularidad  y ese magnetismo, por eso no es de extrañar que el famoso ataúd haya sido declarado no sólo Bien histórico-artístico y Monumento nacional sino Patrimonio de la Humanidad.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Melchor



Simón se estremeció al oír su nombre, que se alargaba en un susurro sonoro y exótico atravesando el jardín dónde jugaba. Sorprendido, su mirada buscó con curiosidad la fuente de aquellas palabras que se repetían, hasta encontrarlo al otro lado de la valla. Era como se lo imaginaba, con aquel vistoso traje largo de vivos colores y un enorme turbante que realzaba aún más su enorme figura. Ya anochecía, pero pudo contemplar la profundidad de sus ojos negros que resplandecían proyectando una mirada que atravesaba hasta llegar al corazón. “Feliz Navidad”, dijo con una tierna sonrisa que  casi abrazaba, antes de darle al pequeño niño, boquiabierto  e incapaz de reaccionar, una preciosa caja envuelta en un papel brillante de elegantes colores y decorada con una cinta de tela transparente, con brillos dorados y plateados. Su madre enmudeció al ver a su hijo con aquella expresión de inmensa felicidad, sin que tuviera tiempo de preguntarle por el autor de su regalo, mientras el presidente seguía indiferente hablando con aquellos hombres. Melchor pudo escuchar la explosión cuando se alejaba de la Villa ocultándose entre los árboles. “Alá es grande”, dijo mientras cerraba sus ojos negros, encendidos por un odio que lo carcomía por dentro.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Aires de cristal




En los aires de cristal

la luz juega en el laberinto

y recorre las miradas caprichosas

escondiendo su vuelo.


En los aires de cristal respiro

la luz que quiero

la que ilumina mi interior

como un pozo vacío y seco

de cristales rotos

esparcidos sobre la arena del desierto.




En los aires de cristal me veo

como una botella que naufraga

y se hunde

ahogándose en el abismo

para echar raíces en el fondo.


En los aires de cristal me reflejo

como el frío tras la ventana

cuando la cierra las noches

con la vaga esperanza de encontrarme al amanecer.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Ojos cansados




Con los ojos cansados

vas echando raíces en el horizonte

con un dolor que pare gotas del recuerdo

mientras lloras

y maldices

las tierras lejanas

las que agrietan tu ausencia,

como un templo vacío

en el que los años se han ido desparramando

bajo la sombra que agujerea la conciencia

y encadena la huida

manchando la tierra

de huellas que huyen

hiriendo la muerte

mientras grita el alma.


Y lo lejos se hace infinito

y se vuelve sueño,

un sueño que adormece

desterrando el alma del viajero

como una sangre extraña

que se va envenenando de nostalgia

cuando la ciega mirada

 se vuelve olvido

y los ojos se duermen

desvaneciendo su rabia.

martes, 15 de noviembre de 2011

El paraíso




Cuando llegué al paraíso, me pregunté qué dios me trajo hasta aquí si sólo tengo fe en mí, sólo en mi profundo convencimiento de volar hasta lo más alto posible, a costa de de los demás, a los que vi caer al abismo implorándome ayuda,mientras yo los observaba indiferente, convencido de que para existir vencedores tienen que haber muchos más perdedores, y sobre sus cadáveres fundé mi imperio. Y ahora estoy aquí lejos de todo, en esta paz inmensa, en medio de la calidez que me soporta, rodeado de un azul celestial, en el Edén del que tanto oí hablar y que me aseguraban que era el destino del honrado y del trabajador, y no para granujas como yo. ¡Qué equivocados estaban! ¡Qué lejos de la verdad se hallan los ignorantes cuando no quieren ver! Como si yo no me mereciera más estos placeres que otros, incapaces de creer en sí mismos; que aquellos débiles cuyos rezos no le sirvieron de nada, ni su vida ejemplar y sacrificada de verdaderos imbéciles. No, sólo los hombres como yo se han ganado este premio, los guerreros  más fuertes, los más astutos, sólo los más ambiciosos y sin falsos escrúpulos supimos sobrevivir entre tanta sangre para llegar hasta aquí. Firmado: Anónimo, Islas Caimán, verano de 2011.

viernes, 11 de noviembre de 2011

El volcán


Antes de  que  a alguien se le ocurriera inventar  el telégrafo y se tendieran miles y miles de kilómetros de cable, uniendo continentes y océanos, como si se tejiera una inmensa tela de araña para atrapar al mundo para siempre; las noticias se tomaban su tiempo para recorrer las distancias, a veces insuperables, otras tardaban semanas,  meses en muchos casos. Las cosas ocurrían cuando tenían que ocurrir, sin prisas, en su momento. Las guerras se hacían en verano y luego se sembraba. Los días eran largos, la vida corta. Y todo ya estaba escrito, sólo había que esperar y morir y resucitar.
Cuando escribo estas palabras puedo hacer clic  con el ratón en una pestaña del monitor y saber si ya hay un nuevo gobierno en Grecia o en Italia; si el dictador de un país de África es el mismo de ayer o la OTAN y/o el presidente Obama han puesto a otro; si ya estamos salvados o nos hundimos definitivamente en la crisis económica que nos tiene atenazados; si los hijos de Rajoy se han comido hoy los dos plátanos o no; si el paro sigue aumentando a unas cifras de vértigo o existen los milagros, o si el dichoso volcán del Hierro estalla de una vez o nos va a tener en ascuas para siempre.
Ya nos estábamos acostumbrando a esto de la Globalización,  para lo bueno y para lo malo; al Cambio climático; el agujero de la Capa de ozono; las canciones de Pepe Benavente… pero, últimamente, parece que todo se precipita y nos acercamos al abismo. El terror nuclear tras el accidente de Fukushima nos ha puesto los pelos de punta y ya tememos lo peor, en cualquier momento la historia se puede repetir en cualquier país como el nuestro, menos avanzado que el del Sol naciente. Pero también vuela sobre nosotros la sombra de una crisis desconocida hasta ahora por sus dimensiones y terribles consecuencias. Ya se habla de un después donde nada será igual que hasta ahora y nuestras vidas se llenan de interrogantes: ¿China la nueva potencia? ¿Dejaremos de ser un país rico? ¿Cuándo me quedaré sin trabajo? ¿Una Unión Europea sin unión y sin Europa? ¿Qué va a pasar con España? ¿y la sanidad? ¿y la enseñanza? Y tantas otras cosas…
El vértigo nos acorrala y nos va devorando por dentro, minando nuestras ilusiones, carcomiendo la esperanza, rebajando nuestras expectativas hasta quedar colgados en el presente, en ese abismo al que no nos atrevemos a mirar. A veces parecen que hasta los apocalípticos hayan enmudecidos superados por una realidad que se muestra despiadada como si fuera todo a explotar.
Y tanto es el miedo a lo que pueda ocurrir que casi deseamos que ocurra de una vez por todas para poder superarlo cuanto antes. Todo eso, de alguna manera, parece que está simbolizado por el volcán del Hierro, esa continua amenaza, una posible erupción que puede ser violenta o explosiva y que puede surgir en cualquier momento y en cualquier lugar de la isla, mientras los sismos aterrorizan sin tregua a sus habitantes.  Pocos hombres y mujeres han conocido, en la rica y tranquila Europa, una situación tan llena de incertidumbre, donde nos estamos jugando tanto nuestro porvenir, incapaces de hacer nada, superados por las adversidades, solo contemplando las aguas del Mar de Las Calmas esperando a que todo ocurra, como si, de repente, nos diésemos cuenta de que somos mortales, mientras se agrieta, cada vez más, nuestro Olimpo.

La sal de tu ausencia

Alguna veces, cuando los días nos dejan solos huelo la sal de tu ausencia y presiento el murmullo de tus secretos que se petrifica...