Con los ojos cansados
vas echando raíces en el
horizonte
con un dolor que pare gotas
del recuerdo
mientras lloras
y maldices
las tierras lejanas
las que agrietan tu ausencia,
como un templo vacío
en el que los años se han ido
desparramando
bajo la sombra que agujerea la
conciencia
y encadena la huida
manchando la tierra
de huellas que huyen
hiriendo la muerte
mientras grita el alma.
Y lo lejos se hace infinito
y se vuelve sueño,
un sueño que adormece
desterrando el alma del
viajero
como una sangre extraña
que se va envenenando de nostalgia
cuando la ciega mirada
se vuelve olvido
y los ojos se duermen
desvaneciendo su rabia.
2 comentarios:
Enhorabuena, Marcos. Bien captada la esencia de esa mirada. Más allá de los ojos que la contienen
Estoy emocionada, tienes una sensibilidad tan grande que haces que tu poesía atrape el alma del que te lee.
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