El gentío bailaba, reía y todos levantaban sus manos, también Juan, que se atrevía a dejarse llevar por el ritmo de la música, tarareando el estribillo de algunas canciones, como si aquel brebaje mágico lo hubiese transformado, dándole un poder que desconocía.

Juani y Joaquín estaban encantados de haber encontrado a Juan, lo que les inducía a creer que pronto, también, encontraría a Victoria Eugenia; sin embargo, su ilusión pronto se volvió decepción al comprobar que Juan no se encontraba en aquella cubierta por más que buscasen, como si todo hubiese sido un espejismo. Extrañados, por no encontrarlos allí, la pareja no quiso renunciar a dar con sus amigos, no era una cuestión de rendirse, habían pasado muchos años, pensaba Juani, para, otra vez, volver a separarse.
Se sentía aturdida, náufraga de un sueño turbio que se transformaba en pesadilla; los rayos de Sol del mediodía se alejaban cuando entraba en una tempestad tenebrosa, de la que luchaba por escapar desesperadamente, sus ojos parecían explotar y su cuerpo convulsionaba en medio de una resaca sudorosa hasta que algo la despertó. Era una voz dulce de una niña de acento mejicano que se volvía chillona e insistente. Sus ojos tardaron en acostumbrarse a la oscuridad de aquella estrecha y maloliente callejuela. Al observarse, se descubrió como una mujer despatarrada sobre cartones viejos y húmedos. Comprobó que su traje estaba desgarrado por algunas partes, entonces recordó dónde estaba y lo que había sucedido justo antes de desmayarse. Su corazón dio un vuelco y sus latidos se desbocaron, en medio de una sensación confusa de asco, rabia e indignación, pero pronto el miedo se apoderó de ella y sus miradas se lanzaron en la búsqueda del autor y responsable de todo aquello. La chillona seguía gritando, hasta convertirse en estridente, y, entonces, Victoria Eugenia se revolvió, de forma desesperada sobre los cartones, hasta dar con su móvil, como la que se agarra a un salvavidas, dispuesta a gritar y pedir auxilio. Pero, atragantada, antes de que pudiera decir ni una palabra, escuchó una voz familiar.
-¡Por fin lo coges querida! –Dijo Juani
-¡Aaah..? ¿eres tú? –Dijo, Victoria Eugenia, confusa, sorprendida y decepcionada, era la última persona que esperaba escuchar en ese momento, y a la que no podía, por ningún motivo, confesar su situación. Su mirada, de repente, se detuvo , casi como su corazón, al contemplar aquello ojos negros y profundos, que se le clavaban indiferentes, delante de ella, a escasos diez metros, mientras su cuerpo se helaba irremediablemente.
5 comentarios:
Cada día estoy más convencido de que bajo la apariencia de una comedia de enredo (¿a ver cómo consiguen entre Juan y Victoria Eugenia convencer a sus amigos que están ambos en el barco?), nos vamos a encontrar con un viaje dramático. Y no precisamente el del crucero por el Mediterráneo.
Por otro lado, va a resultar lo que ocurre tantas veces, cuando alguien se expresa como es se descubren cualidades inimaginables.
Lo cómico y lo trágico, como en la realidad, se alimentan en los mismos patizales y se suceden en el momento menos inesperado. Sí, yo también apuesto por esa cara amable y graciosa que se torna fácilmente en cruda realidad. Ahora bien, el carácter de cada uno ayuda para que se de con mayor frecuencia lo uno y lo otro; en el caso de Juan es fácil lo primero, pero en el de Victoria E. lo segundo casi es innato.
Marcos no me jodas. Escribo en mi blog lo que pienso y creemos más de dos y cuatro.
No pongas enlacitos sin pedirme antes permiso.
Gracias.
- Por cierto, ni idea de qué va esto de la sonrisa -.
Aquí estoy, pendiente de este curioso matrimonio: se iban de vacaciones y ha resultado que cada cual está viviendo su propia aventura. La trama se complica.
Hasta la próxima.
Un abrazo.
Gracias, Mercedes, por tu comentario. Lo cierto es que hay que tener mucho cuidado al elegir las vacaciones. Ya más en serio, parece que tendremos que convivir con dos escenarios conectados telefónicamente y llenos de contrastes.
Un abrazo
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