domingo, 18 de octubre de 2009

Y después

… Y después, entre el follaje gris y azul, que se retuerce en el aire de la habitación hasta agotarse y sucumbir, mi mano se hunde en el mar sereno y castaño de tu pelo liso que baña mi pecho. Mi cuerpo, prisionero de tus abrazos y herido por tus pezones afilados, se rinde acorralado por tus piernas, que trepan desde los pies de la cama, después de la batalla. “¿Por qué hacer el amor y no la guerra si podemos hacer las dos cosas?” –Te pregunto en el silencio roto por un suspiro, mientras cae una lluvia de cenizas sobre la sabana empapada, con sus pliegues cabalgando al ritmo de la respiración. Es ésta la imagen más intensa; la que más me gusta de ti. Escondidos del tiempo y de todos sin importarnos nada más que estar, permanecer, casi morir. Poco a poco las manos se mueven sobre la piel, como los cangrejos tras el temporal, resbalando por tu espalda; las tuyas, sobre mi vientre, pronto se pierden en busca de algún naufragio, para saquear sus tesoros. Ajeno a ello, apago el cigarrillo en el cenicero, que se balancea sobre la cama, para luego coger la cerveza y, antes de beber, pienso en tu sonrisa, esas líneas de tus labios sobre las que cuelgan mi existencia, mi felicidad. Siempre necesito verla, imaginármela, inventarla. “Tu sonrisa a cambio de un trago” –te soborno. Tú levantas la cara y te miro, y tu cara no es tu cara, y cierro los ojos para verte, para besarte.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Arrorró


Te dí un nombre
y se me olvidó,
mientras el mar borraba las huellas,
cicatrices de pasos olvidados,
entre caminos que se separan
para perderse.
Luego perdí el amor,
lejos,
entre siluetas irreconocibles,
en los fangos de la desesperación
de las tardes sin sol,
en las lunas vacías,
cuando el eco se pierde
para convertirse en arrorró.
Hoy ya no recuerdo tu piel,
su olor,
su calor tibio entre almohadas
cuando soñábamos horizontes
tras las ventanas.
Hoy ya no siento
y el viento se duerme
en las noches grises,
en las madrugadas.
Tampoco sueño,
ni rezo,
ni me pellizco,
solo me desvanezco
recordando
el arrorró.

viernes, 2 de octubre de 2009

Prisionero de las tardes


Enjaulado entre hilos de humo
siento el peso de esta losa
que enmudecen los gritos agónicos
en un vacío sediento
de polvo gris, en las tardes sin Sol,
cuando los pensamientos escapan por las rendijas,
para dejarme en soledad,
añorando, en la retaguardia, a los enemigos.
Busco en la rabia un refugio,
donde cobijar las mentiras
con las que engañarme,
para no sucumbir en la derrota sin batalla,
Izando banderas, sin colores, por las que luchar;
Imaginando un horizonte donde agarrarme,
del que resbalo en todos los sueños
para despertar sudoroso en una pesadilla
en forma de isla desierta,
sin tesoros,
destino de mil naufragios,
de mil golpes de mar,
donde las sirenas callan
y el viento se ahoga
en medio de la tormenta,
donde las almas se rinden
y se venden,
esclavas del desencanto
llevadas por el vaivén de las olas
a ninguna parte,
destino ciego
de indiferencia incierta.

martes, 29 de septiembre de 2009

¿Sabes...?

¿Sabes..? Creo que nos necesitamos. Somos inseparables. Sé que pronto te irás con otros o con otras. Pero ahora eres mío, o mía, da igual. Por unos segundos, o algo más, si hay suerte, estarás unido, o unida, a mí, y ya será para siempre, como un trocito de eternidad. Algo de mí se colará por tu mente escondiéndose como los gusanos hasta morirse en soledad, sin que te des cuenta, sin que eso te importe. No creo, pero siempre hay una posibilidad de que ese gusano inútil, dispensable, aleatorio, preñado de ideas y formas caprichosas, por no decir estúpidas, reviente entre capilares y tejidos nerviosos para derramar miles de larvas por todos los lados, produciéndote un cosquilleo de vez en cuando. Entonces, te darás cuenta que estoy dentro de ti. Sujeto, alerta ante cualquier temporal, agarrado con uñas y dientes para no perderte. Lo sé. Yo mismo estoy plagado de esos bichos tan incómodos y no paro de rascarme. Nunca aprendo, ya me lo habían advertido pero no lo puedo evitar. Es como prohibirte que abras un regalo. Sí, ya lo creo, nos necesitamos. Necesito tu sangre y tú la mía. Somos víctimas y verdugos de esta cadena alimenticia de los caladeros de las noches, respirando entre ceniceros humeantes, soñando despiertos en las madrugadas.
¿Sabes…? Te estoy hablando a ti, lector, o lectora.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Vendetta





La rabia rompe la tierra
para esconder tus raíces,
de avergonzados secretos,
de tantas frustraciones,
que alimenta el agua contaminada
de odios y temores.
Y retorciéndose en el fango,
entre finos hilos de venganza,
brotan los retoños verdes,
orgullosos, elegantes, espigados,
apuntan al cielo inclemente
recordando con sus frutos jugosos
los sinsabores de una vida engañada,
cuando pagas los pecados de los otros,
cuando te dejan en las umbrías soledadades
y tu alma se vuelve oscura,
húmeda, de tantas lágrimas,
rota, de desesperanza.
Ya no tienes ojos,
solo ramas y espinas,
ya no distingues a los amigos
porque todos son otros,
otros sin almas.
No te importan las caricias
Ni que coman tus frutos
Frutos venenosos
Asesina sin alma.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Amargura

Como con una pinza sujetaba el cigarrillo entre sus dedos, a la vez que lo contemplaba atentamente, igual que si fuera un diamante. El humo giraba retorciéndose en el aire hasta desvanecerse. También sus pensamientos confusos, que abrazaban su mente, extinguidos por los tragos de güisqui con hielo. Su mirada quemaba al camarero, que se negaba a servirle mas copas y le pedía que se fuese, como si fuera el culpable del infierno en el que se encontraba. Inspeccionado, por los allí presentes, los desafiaba entre insultos y gritos, apenas inteligibles. Nadie se atrevía a enfrentarse al médico del pueblo, sabían que no era mala persona, y mucho estaban allí gracias a él. En el fondo todos sabían que solo necesitaba desahogarse y olvidar, había sido un día muy duro. El bar se había convertido en un duelo y todos los que lo apreciaban estaban allí, compartiendo su inmenso dolor. Sin embargo, muchos empezaron a abandonarlo, heridos por la humillación y descalificaciones. Las miradas se cruzaron “¡y tu que miras mentecato! El joven corpulento se levantó sin dejar de mirar al matasanos cincuentón. Tras otro trago de güisqui vomitó fuego en forma de más ofensas contra el joven y su madre. El médico no lo vió venir y cuando quiso darse cuenta estaba rodeado de fuertes brazos: “¡Ya está bien papá, vamos a casa! Ya verás que la próxima temporada volveremos a ascender otra vez”.

sábado, 19 de septiembre de 2009

I´m yours

Una vez más, sobre el pegajoso sillón de piel, hacía equilibrio para no resbalar. Las palabras argentinas de aquella mujer de horteras gafas de pasta, pararrayos de las miradas que caían sobre sus grandes tetas bailonas, se mezclaban con el “I´m yours” que bajaba por el patio del edificio para colarse entre las persianas y bañar la consulta que parecía una sala del Louvre. Durante meses su mente sufrió el retorcimiento psicológico que prometía escupir unas pocas gotas enclaustradas desde hacía treinta y tantos años. Una inmensa cruz de granito paleozoico asfixiaba su garganta de la cual solo salía un hilito de pequeñas palabras en forma de papilla. Día a día fue perdiendo la . Aburrido, tarareaba la canción, mentalmente, en medio de los monótonos discursos de la doctora, sin dejar de mirar las zapatillas de cuero que se balanceaban en el extremo de aquellas piernas, enfundadas en unos pantalones amarillos de pata ancha. Arrepentido de perder su tiempo no tenía grandes esperanzas, a lo sumo ver levantarse a la bonaerense para contemplar su inmenso culo respingón.
-Evidentemente, la sobreprotección de su mamá y sus valores tradicionales y religiosos han condicionado el desarrollo de su personalidad y su carácter. Eso es lo que dificulta su capacidad de expresión.
-Si usted lo dice…
-Hoy vamos a hacer la sesión resolutiva de este problema. Déme la mano, cierre los ojos y concéntrese. Ahora, piense que yo soy su mamá, y que yo soy la culpable de su situación. Intente soltar mi mano mientras yo lo sujeto fuertemente. Cuando se suelte, es decir, cuando vos se libere, tendrá su propia voz y sus propias palabras. Ya no dirá más “pis” sino mear, cagar en vez de “hacer caca” y polla en vez de “pesetilla”.
El hombre enrojecido y sudoroso hacía un gran esfuerzo por abrir los ojos, sin desprenderse de su nueva mamá.
-Cuando cuente tres, vos se soltará de mí y me insultará de la forma más grotesca que pueda ¿Entendés?
-Sí, creo que sí… -titubeaba.
-Uno, dos y … tres.
-¡Me defeco en todos tus antepasadoss! –El grito inundó la habitación como un destello, ahogando la voz de Jordan Mraz. Los ojos del paciente parecían salirse de sus orbitas y una enorme sonrisa se abrió, pero pronto se analizó la frase buscando palabras de independencia y libertad y todo se volvió sombrío como la derrota, inútil y acabado. Un silencio en forma de sábana que cubre el cuerpo sin alma sepultó el trabajo de tantos meses. La respiración agitada se volvió cada vez más débil hasta convertirse en un suspiro y las manos restregaban las frentes decepcionadas.
-Bueno… vos no se preocupe. Esto es solo un pequeño tropiezo.
-No, lo siento, esto no funciona. Ha sido una pérdida de tiempo –Dijo el hombre trajeado mientras recogía su chaqueta y se ajustaba la corbata con un deseo inmenso de salir corriendo de allí, mientras volvía a escucharse “I´m yours”.
En medio del silencio abrió la cartera:
-¿Cuánto son sus honorarios?
- Bueno…, pues mil doscientos euros.
-¡Mil doscientos euros! ¡Hija de la gran puta! ¡Mil doscientos euros! –repetía sin parar- ¡Me cago en tu puta madre! –Fuera de sí, le tiró a la cara algunos billetes antes de despedirse -¡Vete a la mierda! –Y desapareció tras un portazo.

La sal de tu ausencia

Alguna veces, cuando los días nos dejan solos huelo la sal de tu ausencia y presiento el murmullo de tus secretos que se petrifica...