lunes, 14 de diciembre de 2009

Hogar


El Sol toca la mañana,
desperezándose,
y acaricia la fría piel temblorosa,
los ojos se cierran despacio,
mientras susurra la brisa al oído,
para sentir su calor.
El tiempo se adormece,
retorciéndose sobre sí mismo,
sin que nada cambie.
Los segundos se vuelven latidos
y los minutos sangre
que fluye por los arroyos
hasta abrazarse a los ríos, que besan el mar.
La soledad se llena de recuerdos,
como adornos navideños,
que acompañan en el recorrido,
mientras los pensamientos nos buscan,
a los nómadas del desierto,
un espacio cálido donde vivir:
en las inmensas praderas del pasado,
agrietadas por vertiginosos abismos;
en la espesura del bosque selvático,
incierto destino soñado;
en las playas arenosas de espuma blanca,
orilla de horizontes
donde se desvanece el eco
en forma de olas.
Pero cuando abrimos los ojos
volvemos a caminar,
siempre por los mismos caminos,
atrapados por las mismas paredes
como tumbas hogareñas.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Si tú quisieras



Si quisieras
podríamos mirarnos a los ojos
y verter nuestra rabia contenida
en el campo de batalla
desangrando nuestras venas
de tanto veneno fermentado.
Si quisieras…
escupiríamos palabras
y saldríamos de las trincheras
recorriendo las colinas
para luchar cuerpo a cuerpo
en los fangos miserables.
Si tú quisieras
moriríamos de sed
ahogando nuestros lamentos
en un mar de arenas movedizas,
para enterrar los reproches almacenados
entre la pólvora humedecida.
Si tú quisieras
nos abrazaríamos
entre alambradas
desgarrándonos la piel
en el ataque suicida
hasta desfallecer.
Y lejos del frente
cuando la paz se hace muerte
junto a tu lado
cuando la guerra está perdida,
los ojos cerrados,
grito en silencio:
¡y si tú quisieras…!

viernes, 4 de diciembre de 2009

A veces


A veces,
solo a veces,
cuando el camino se pierde
llevándonos con él,
nos alejamos de nosotros mismos
hasta desconocernos,
ignorándonos en la superficialidad,
mientras que la piel se vuelve inútil y ajena
en medio de la resaca otoñal.
A veces,
solo a veces
cuando el frío nos despierta
arropados por la hipocresía
nos sentimos desnudos y vulnerables.
Transparentes, nos observamos vacíos
y nos aprestamos a decorar nuestros huesos
pintándolos de colores,
pero siempre resultan grises
como las cenizas.
A veces,
solo a veces,
desandamos el camino
buscando huellas en la memoria,
echándonos de menos,
recordando nuestras gracias,
esperando que regresemos al mismo sitio,
y cuando por fin nos vemos,
a veces,
y solo a veces,
nos damos cuenta
que ya somos otros.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Ya es tarde


En esta noche te recuerdo como una noche,
entre el sueño dormido y atormentado,
cuando la brisa se convierte en sudor
sin saber si realmente exististe alguna vez.
Cuando despertaba en medio de la oscuridad,
recuerdo ver tus ojos, mirándome
sentir tu pelo, acariciándo mi cara,
mis latidos golpeándome
en medio de un silencio de susurros,
cuando los labios se humedecen
y la piel grita.
El espacio se llenaba de ti
y la soledad de tu recuerdo.
Alrededor de la cama,
no nos dimos cuenta de que el mundo giraba
y las agujas del reloj,
los segundos eternos se hicieron minutos
y éstos pasaron y pasaron…
El tiempo moldeándonos a su antojo nos separó
por un mar infinito lleno de horizontes,
en la distancia donde los ecos mueren,
donde la pasión se vuelve añoranza
y después recuerdo.
Aún me quedaron palabras que decirte
porque no fueron suficientes,
aún te debo casi la vida
porque entonces me sentí tan vivo
y quisiera decirte, explicarte y sentirte
pero se que ya es tarde.
Y sé
Que no sé si realmente exististe alguna vez.

Historias de nosotros


Dicen que después de todo aquello las cenizas cayeron cubriéndolo todo. Pasó mucho tiempo hasta que una tenue luz fue surgiendo en la oscuridad, que se fue haciendo cada vez más intensa, en medio del viento y el oleaje, rompiendo el techo plomizo, y dejando al descubierto un inmenso cielo azul, cubierto de noches estrelladas y amaneceres radiantes.

Las olas mecieron las semillas hasta que germinaron pariendo vida. Las raíces rompieron la piedra y en los bosques surgieron sonidos de las hojas, balanceadas por la brisa y del murmullo del agua, que pronto se fueron confundiendo con otros ruidos hasta que se oyeron los primeros gritos. Los simios se contaban viejas historias con sus miradas, desde que fueron expulsados del paraíso, y cuando descendieron, temerosos, comenzó la gran aventura.

Las áridas tierras se helaron y, en las acogedoras cuevas, ratas y cucarachas se convirtieron en convidados de aquellos seres. Cuando todo pasó volvieron los ríos, donde nacieron los dioses y los héroes, para protegernos. Sus milagros y hazañas fueron contados de boca en boca durante generaciones. Asia se moría de riqueza cuando sus hijas fueron raptadas, fue entonces cuando los escribas lo contaron todo en sus escritos.

Los hombres se pintaban la cara antes de morir en la lucha y sus mujeres parían más hijos para llorarlos. Las lágrimas recorrieron los valles azotados por los hombres de las llanuras y las cadenas se apoderaron de los esclavos. El amor se volvió pasión y deseo. Hombres y mujeres fueron perseguidos y ultrajados. El rencor y la venganza nacieron de la traición y el engaño, y nuevos puñales atravesaron las gargantas maldiciéndolos por sus infamias, infanticidios, parricidios, celos o envidias.

El infierno se abrió bajo sus pies para atormentar a los pecadores, a los ignorantes, a los que no tenían nada que perder. De él surgió la cruz y la espada para propagar la fe en el amor, el amor en la fe, la guerra santa. Los herejes perdieron la razón para volverse santos y los caballeros lucharon contra el mal, los dragones y los molinos de viento, mientras sus soñadas princesas se acostaban con reyes y papas. Nunca más se supo la verdad y los chorros de sangre se confundieron con los ríos de tinta, que inundaban los papeles, escupidos por plumas de todos los colores.

Ahora, dicen que todo eso fue mentira, que en realidad todos se volvieron esclavos que buscaban la libertad, la igualdad y la patria para crear nuevos esclavos. En las guerras se excavaron grandes fosas que sirvieron como tumbas lloradas por los románticos mientras los surrealistas se buscaban en los sueños y los expresionistas se horrorizaban al descubrir quienes éramos realmente. El mundo cambió, los bosques desaparecieron y el humo de las chimeneas cayó cubriéndolo todo en medio de esa sensación de hastío.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Respirar

No quiero oír más palabras
que me hablen del llanto aletargado
entre las telarañas del rencor;
de la furia desenfrenada que nos ciega
víctimas de un odio heredado;
de la injusticias en las noches tristes
cuando los depredadores amanecen hambrientos;
de los recuerdos lejanos
para fustigarnos en la autocomplacencia.
Me resisto a creer en un futuro incierto
cuando la vida se ofrece insaciable,
cuando tu sonrisa no espera.
…Y oler el aire sereno
con los ojos cerrados
absorbiendo todos sus colores
para pintar en mi imaginación
un mundo abstracto
llenos de matices
donde los niños corran
en direcciones opuestas
persiguiendo horizontes sin barreras.
Quisiera que nos mirásemos a los ojos
para vernos,
y sentir como la piel se eriza
al comprender que es la misma,
darnos la mano
para recorrer los caminos,
sin pretender llegar a ningún lugar,
solo caminar y caminar
juntos, si quieres,
sin volver la mirada
y cerrar los ojos
y oler el aire sereno…

viernes, 20 de noviembre de 2009

Reflexiones


No me gusta tú cara. Pareces un machista prepotente que intentas evadirte de tus putas frustraciones, mientras te sacas esa mierda entre los dientes y acribillas con tu asquerosa mirada irreverente a la chica, que está al otro extremo de la barra. Son las once de la mañana y me tomo una cerveza. Sé que termino de trabajar a las dos de la tarde y me da igual. Los perros, de distintas clases sociales, pasan con sus mascotas. La viejita mira de arriba abajo al joven, que mea sin pudor al lado del contenedor de la basura, y lo maldice en silencio. Unos metros más allá, su perro se caga en toda la acera, sin que ella se inmute. No se para y sigue. El sevillano también bebe. Tiene dos hijos pequeños y desde hace diez meses no consigue trabajo. Está preocupado, el Betis ha vuelto a perder. La chica del otro lado está incómoda, sabe que la miran y se ha dado cuenta de que su pelo planchado se ha desordenado, por culpa del ventilador que está tras ella. Mis pensamientos fluyen deshaciéndose como el humo, que inunda el pequeño y estrecho bar, mezclándose con el aire irrespirable que compartimos. Me resisto a tragarme el aire vahoso que entra y sale por tus narices de cerdo. Abdul entra dándonos palmadas en la espalda con su tierna sonrisa y alguien le grita y ríe: “¡moro échate una cerveza!”. Él lo mira sin dejar de sonreír pero dejando adivinar su respuesta. La mañana se va convirtiendo en tarde y yo me aburro.”¡Qué asco de domingo”!.

La sal de tu ausencia

Alguna veces, cuando los días nos dejan solos huelo la sal de tu ausencia y presiento el murmullo de tus secretos que se petrifica...