martes, 14 de agosto de 2012

Nos quedará el aire




Y después …
nos quedará el aire,
un desierto de silencios,
las palabras enterradas en la piel,
noches tibias adormecidas
que se esparcen en la memoria exiliada.

Nos quedará el eco y sus palabras,
el susurro de las conciencias,
que mecen el recuerdo envenenado en la rabia
y crecen echando raíces entre las malas hierbas.

Nos quedará un mar de cenizas,
lágrimas que hieren los horizontes,
donde se ahogan las madres ciegas de las cosas
cuando la tempestad amaina y ya no hay regreso.

Nos quedará un día,
un instante que permanece,
una imagen de una mujer desnuda,
una mirada limpia y penetrante
que busca en el interior de la gente
y remueve el fango miserable.

Nos quedará las manos vacías,
el espejo agrietado que rememora,
una concavidad donde cobijarnos
y acunar la desesperanza.
Nos quedará el aire,
frío y distante,
como cristales rotos,
 manchados de sangre,
un espacio irredento
donde conquistar los sueños.

ESCRITORES POR CIUDAD JUÁREZ.
Arinaga (AGÜIMES)
Marcos Alonso

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