El día en que nació, sus ojos le
negaron la mirada; sus oídos lo enclaustraron en el silencio; su voz, sin savia que lo hiciera crecer, se marchitó
para siempre. Desde entonces, el olor del llanto o el aroma de la risa fueron
su único cordón umbilical que lo mantenía unido al mundo. Los años pasaron
entre las frías fragancias del invierno y
los resecos amaneceres del verano; entre las rebeldes esencias de
primavera y la fetidez otoñal de lo caduco. Así, su nariz se convirtió en su alma, donde
se acumulaban sus sentidos, que daban forma a sus sensaciones, sus
sentimientos, sus emociones. Husmeó mil lugares, con sus emanaciones tan
particulares que los rondaban: la pestilencia del vicio y la degradación; el hedor penetrante del
egoísmo; pudo diferenciar donde se respiraba solidaridad y bondad de aquellos
otros lugares que apestaban a maldad y codicia.
El día que lo operaron, sin saber
por qué ni para qué, despertó horrorizado al comprobar que no podía olfatear la
luz ni oler los colores. Todo le pareció insípido y sólo cuando cerraba
fuertemente los ojos podía encontrarse con sí mismo y entender su mundo tan
diferente al que acababa de descubrir. Desquiciado, el suicidio lo acercó a la
muerte y lo alejó definitivamente de una vida aún por disfrutar. Desde
entonces, dicen, que su alma penitente ronda por las noches los cementerios adornados con flores frescas,
los asilos llenos de ternura, o cualquier hogar donde una tarta al horno se
haya quemado. También cuentan que su espectro tiene forma de una nariz grande y
feliz.
4 comentarios:
La importancia del olfato, se fundamenta en los recuerdos. Pobre del que le quiten lo único que tenía. Me encantó esa frase, "el suicidio le acercó a la muerte", ¡qué otra cosa le queda a quién no tiene vivencias! Precioso, Marcos. Un beso hasta tu sur
Gracias, Isolda. Este micro lo publiqué en la Esfera para el concurso "Con un par de narices" ahora lo he rescatado para este blog. Tienes mucha razón, agudizamos unos sentidos cuando nos fallas otros, y estos se agarran a las cosas dándoles forma y empaquetándolas como recuerdos que siempre se recupera con el simple olfato. Un abrazo, amiga.
Jo, Marcos, lo que he tardado en encontrar tu blog, pensé que no tenías allá en noviembre cuando te hiciste seguidor del mío. Pero buen, aquí estamos. Este relato es muy difícil de crear y a ese nivel. Prescindir de los sentidos y solo conservar el olfato y el gusto es un buen ejercicio para desarrollar la creatividad. Me gusta el relato por lo que mantiene de historia oculta, la ceguera en la que vivimos al no saber apreciar lo importante. No me gusta que se suicide al final, jeje, pero bueno. Venga, nos leemos. Un abrazo.
Hola Marcos, hace un buen de tiempo que no venía a verte, pero aki ando de nuevo, este relato se me ha hecho triste pero a la vez interesante, ya que uno siempre usa sus cinco sentidos, qué hacer cuando le falta uno? sólo adaptarse agudizando los demás pero que ya le falten cuatro? caray que enorme esfuerzo.
Muchos saludos y ya me paseo de nuevo para contigo.
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