Vuelo entre los finos hilos
de un sucio azul, que se retuercen
sin prisas,
secuestrando mi mirada,
y lejos de todo me pierdo en la nada,
deshaciéndome como el humo que renuncia.
Floto en el tiempo
suspendido entre una nota y un silencio
ajeno a mi imaginación
en caída libre al infinito,
que me arropa entre sus límites inalcanzables,
del que se desprende un brillo hiriente y frío.
Es un espacio limpio y vacío
lleno de una paz sin preguntas,
donde me ahogo sin desesperación
y lentamente… me voy dejando,
pero siempre es tarde cuando regreso
y siempre pronto para volver.
6 comentarios:
Me describes un refugio. Tu refugio. Muy parecido a los míos. Donde siempre quiero ir y del que siempre salgo, muchas veces "a la fuerza". Sin querer.
Me ha encantado, Marcos.
Supongo que todos los que necesitamos refugiarnos sentimos algo similar. Me he visto reflejada. Tal vez por eso me ha gustado tanto.
Un abrazo fuerte, Marcos
Gracias, Miguel Ángel, por tu comentario. De alguna forma es nuestro lugar natural al que nos lleva siempre esa especie de fuerza imantada.
Un abrazo
Cierto, Ana, un lugar dónde encontrarse y reconocerse, donde reposar para salir nuevamente al encuentro de la batalla ¿Qué te voy a contar con lo guerrera que eres!
Besos.
Ese espacio es tan necesario como casi utópico. A veces lo más que encuentro es una pastilla concentrada de refugio...
Poema que se me había escapado, no sé por qué, por cierto.
Ja,ja,ja a mí me pasa igual. ¿Por qué no? a veces las pastillas nos refugian, nos exilia o nos destierra. Habrá que tener cuidado con esos refugios.
Un abrazo y gracias.
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