lunes, 3 de mayo de 2010

Diferencias





Los meses pasaron lentamente, como si estuvieran cansados, navegando por aguas turbias sembradas de sueños. Cerca de la casa, el Sol parecía esconderse tras las sombras que surgían de los agujeros, como recuerdos adornando las viejas paredes y hasta el óxido parecía escupir promesas incumplidas. La cicatriz se confundía con las arrugas de su cara y su ojo tuerto observaba, ajeno, toda la llanura, manchada por el verde brillante de los campos sobre el ocre rojizo de los caminos, vigilados atentamente por su mirada. Sabía que algún día volvería, pero el viejo loco no temía a su hermano, no lo dudaría ni por un segundo, volvería a matarlo y enterrarlo junto aquel nogal.

2 comentarios:

Mercedes Pinto dijo...

Excelente relato, con un impactante final. Lo he disfrutado y me ha sorprendido. Ese viejo lo tenía claro, lo volvería a hacer mil veces.
Un abrazo.

Marcos Alonso dijo...

Gracias Mercedes, me alegro que te guste, es una motivación para mí. Aprovecho para felicitarte por la publicación de tu última novela. Realmente no estaba al tanto de ello, pero ya me he informado por el extenso artículo que escribió Amando carabias, coincido mucho con él en La Esfera Cultural, en su blog. Espero que tengas mucho éxito en tu ¿segunda novela?. Otra cosa que quería decirte, o mejor preguntarte es que si conoces a una escritora canaria que nació a finales del s.XIX y que se llama igual que tú, Mercedes Pinto. Su obra y su vida resulta muy llamativa, de hecho te conocí buscándola a ella. Ya veo que todas las Mercedes pinto pintan muy bien (perdona la broma).

Un abrazo.

La sal de tu ausencia

Alguna veces, cuando los días nos dejan solos huelo la sal de tu ausencia y presiento el murmullo de tus secretos que se petrifica...