sábado, 30 de octubre de 2010

Mujer de arena




Al atardecer las huellas persistentes
hieren la suave arena  rubia
escamando tu piel,
que lames con delicadeza
con la espuma de las olas.

La variopinta comunidad,
 como una hilera de hormigas,
se entrega con devoción
en la procesión silenciosa
de miradas perdidas,
que buscan su interior,
anestesiados por la fresca brisa
y el murmullo de las olas,
abandonándose al rumbo prefijado.

El piberío impío,
en franco desorden,
rompe el ritual
alejándose de la fila,
persiguiendo  jacas
hurgando en las tripas de las rocas,
mientras los niños vestidos de viejos
corretean descalzos por la arena
resistiéndose a la decadencia.
Y las olas parecen parir nuevos hijos
 que resbalan de sus crestas
 para deslizarse hasta la orilla.

El pecho se llena de olor a mar
y los interiores rebosan
limpiándolo todo.
El cuerpo se abandona
para que el alma fluya.

Te respiramos y te sentimos
cada latido
que golpea las rocas,
y tu respiración,
allá por la Cicer,
se vuelve agitada.
El sueño se hace pesadilla,
y el bramido de las aguas furiosas
revienta el aire
cuando ya anochece,
vomitando todo tipo de objetos
tras la resaca,
que se esparcen por la orilla.
Los trocitos de vidrios,
esmeraldas, blancos aperlados, ocres…  
como lágrimas mágicas,
decoran tu piel trasnochada,
y tus gemidos
resurgen en la batalla húmeda
retorciéndose entre las grandes olas
que lo inunda todo.
Mis pies siente tu calor
y tu piel transpira sudorosa
escondida en la noche
que avergonzada oculta las estrellas.
Y cuando ya llego al Rincón
suspiras,
 ya cansada,
 para volver a adormecerte
y entregarte a las olas
que se desvanecen en la orilla.
Al dar la vuelta,
cuando el final invita al regreso,
te vislumbro a lo lejos:
como tres montañas en la Isleta.
Tus pechos se mantienen erguidos
y entre ellos sólo se ve tu barbilla. 
Recostada sobre el mar,
 tus brazos se hunden a cada lado
y tu cuerpo se extiende por la ciudad
 iluminada hasta el Istmo
como un corpiño de lentejuelas hasta tu cintura.


Y cuando inspiro profúndamente,
como si quisiera tenerte toda,
cierro los ojos para engañarme
y esconderme en el sueño
donde te encuentro.

lunes, 11 de octubre de 2010

SARAQUSTA





Sobre los campos de batalla

se esparcieron las cenizas de tus hijos

y la tierra se volvió fértil y amable.



Ahora su orgullo se erige firme y férreo

sobre los tejados de sus moradores,

temerosos de la cólera de los dioses

con su aliento helado del Cierzo,

el inquisitorial tormento del sol del verano.





Impasible…

como en un remanso

recostada sobre el inmenso valle

el río te bendice con sus aguas

que son tus venas ensangrentadas,

la de tus hijos derramada,

la que amasa la tierra

de donde salen los ladrillos que te encarnan

construyendo Historia

entre murallas y llantos.



Y Como una gran madre

pariendo dolor

tu mirada se eleva

sobre la llanura,

vigilante



sábado, 9 de octubre de 2010

Mi amiga

     Sé que tengo que acostumbrarme a oír el susurro de la brisa destemplada, que confundo con tu voz, cuando acaricia el rostro amigo. Sé que el futuro ya no será igual sin ti cuando los horizontes del mar, ahora desabrido, se rindan y se nieguen a seguir la partida, como si les hubiesen hecho trampa.

Nunca pensé que se notara tanto una estrella más en el cielo, y que su calor fundiera el hielo de nuestras almas para arrancar viejas lágrimas contenidas que ahora brotan de nuestros ojos cuando tu recuerdo nos invade.

     Sé que te llamamos, en voz baja, cuando estamos solos, para que compartas tu risa con nosotros y siembres con ella la cálida paz que nos hace sonreír y nos llena intensamente.

     Ahora sé que la vida tiene color y perfume, un color lleno de matices que has pintado en nuestras vidas, que no precisa de contornos para descubrir la verdadera importancia de las cosas, y ese aroma intenso, lleno de esencias, que has dejado en el aire y que respiramos hasta que nos duele el pecho, sin desperdiciar las más mínimas sensaciones ni el más insignificante detalle.

     Y siempre sentiremos tu presencia porque te llevamos dentro, en lo más hondo, acompañados de tu sonrisa, contemplando tu brillo que nos ilumina y da fuerzas.

En memoria de Angélica