viernes, 30 de octubre de 2009

Y si supieras…

Si supieras que pienso en ti,
en tus pasos,
esperando tu regreso,
imaginándote,
en la noche
desnuda,
desnuda
en la noche,
cuando el cansancio muere
tras la ducha,
cuando el cuerpo se vuelve prisionero
entre toallas y sombras,
que esconde exuberancias
que atormentan,
tras el cristal.
Y tu pelo se derrama
entre cortinas,
que atraviesan las miradas
fugitivas,
sedientas
de tu piel mojada,
de tus pechos jugosos
que se reflejan en el espejo,
en mis ojos
que buscan tu boca,
y mi boca te busca
para perderse,
para encontrarte,
para saciarse
en la embriaguez
en medio de la oscuridad.
Y si supieras…
que no te conozco.

jueves, 22 de octubre de 2009

Amiga


En tu nuevo abrigo de madera
se esconden mil tesoros
en forma de secretos
donde brillan las sonrisas,
amables, juguetonas, cómplices.
También lágrimas generosas,
caprichosas, agotadas,
que regaron las primaveras,
escasas,
con tu parasol,
en los días nublados.

Partiste de los puertos
que no elegiste
para llegar con rumbo preciso
a los destinos que te habías propuestos.
¡Qué buen navegante!,
supiste guiarte por las gaviotas
hacia los horizontes lejanos
sabiendo que no volverías.
Nos dejaste el eco de tu voz
que llega con la brisa
como una imagen:
de tu pelo liso,
de noches furtivas,
de tardes de risas
y mañanas…
que no llegan,
cuando la paz se derrama
y los ojos se cierran,
amiga mía.

domingo, 18 de octubre de 2009

Y después

… Y después, entre el follaje gris y azul, que se retuerce en el aire de la habitación hasta agotarse y sucumbir, mi mano se hunde en el mar sereno y castaño de tu pelo liso que baña mi pecho. Mi cuerpo, prisionero de tus abrazos y herido por tus pezones afilados, se rinde acorralado por tus piernas, que trepan desde los pies de la cama, después de la batalla. “¿Por qué hacer el amor y no la guerra si podemos hacer las dos cosas?” –Te pregunto en el silencio roto por un suspiro, mientras cae una lluvia de cenizas sobre la sabana empapada, con sus pliegues cabalgando al ritmo de la respiración. Es ésta la imagen más intensa; la que más me gusta de ti. Escondidos del tiempo y de todos sin importarnos nada más que estar, permanecer, casi morir. Poco a poco las manos se mueven sobre la piel, como los cangrejos tras el temporal, resbalando por tu espalda; las tuyas, sobre mi vientre, pronto se pierden en busca de algún naufragio, para saquear sus tesoros. Ajeno a ello, apago el cigarrillo en el cenicero, que se balancea sobre la cama, para luego coger la cerveza y, antes de beber, pienso en tu sonrisa, esas líneas de tus labios sobre las que cuelgan mi existencia, mi felicidad. Siempre necesito verla, imaginármela, inventarla. “Tu sonrisa a cambio de un trago” –te soborno. Tú levantas la cara y te miro, y tu cara no es tu cara, y cierro los ojos para verte, para besarte.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Arrorró


Te dí un nombre
y se me olvidó,
mientras el mar borraba las huellas,
cicatrices de pasos olvidados,
entre caminos que se separan
para perderse.
Luego perdí el amor,
lejos,
entre siluetas irreconocibles,
en los fangos de la desesperación
de las tardes sin sol,
en las lunas vacías,
cuando el eco se pierde
para convertirse en arrorró.
Hoy ya no recuerdo tu piel,
su olor,
su calor tibio entre almohadas
cuando soñábamos horizontes
tras las ventanas.
Hoy ya no siento
y el viento se duerme
en las noches grises,
en las madrugadas.
Tampoco sueño,
ni rezo,
ni me pellizco,
solo me desvanezco
recordando
el arrorró.

viernes, 2 de octubre de 2009

Prisionero de las tardes


Enjaulado entre hilos de humo
siento el peso de esta losa
que enmudecen los gritos agónicos
en un vacío sediento
de polvo gris, en las tardes sin Sol,
cuando los pensamientos escapan por las rendijas,
para dejarme en soledad,
añorando, en la retaguardia, a los enemigos.
Busco en la rabia un refugio,
donde cobijar las mentiras
con las que engañarme,
para no sucumbir en la derrota sin batalla,
Izando banderas, sin colores, por las que luchar;
Imaginando un horizonte donde agarrarme,
del que resbalo en todos los sueños
para despertar sudoroso en una pesadilla
en forma de isla desierta,
sin tesoros,
destino de mil naufragios,
de mil golpes de mar,
donde las sirenas callan
y el viento se ahoga
en medio de la tormenta,
donde las almas se rinden
y se venden,
esclavas del desencanto
llevadas por el vaivén de las olas
a ninguna parte,
destino ciego
de indiferencia incierta.