martes, 29 de septiembre de 2009

¿Sabes...?

¿Sabes..? Creo que nos necesitamos. Somos inseparables. Sé que pronto te irás con otros o con otras. Pero ahora eres mío, o mía, da igual. Por unos segundos, o algo más, si hay suerte, estarás unido, o unida, a mí, y ya será para siempre, como un trocito de eternidad. Algo de mí se colará por tu mente escondiéndose como los gusanos hasta morirse en soledad, sin que te des cuenta, sin que eso te importe. No creo, pero siempre hay una posibilidad de que ese gusano inútil, dispensable, aleatorio, preñado de ideas y formas caprichosas, por no decir estúpidas, reviente entre capilares y tejidos nerviosos para derramar miles de larvas por todos los lados, produciéndote un cosquilleo de vez en cuando. Entonces, te darás cuenta que estoy dentro de ti. Sujeto, alerta ante cualquier temporal, agarrado con uñas y dientes para no perderte. Lo sé. Yo mismo estoy plagado de esos bichos tan incómodos y no paro de rascarme. Nunca aprendo, ya me lo habían advertido pero no lo puedo evitar. Es como prohibirte que abras un regalo. Sí, ya lo creo, nos necesitamos. Necesito tu sangre y tú la mía. Somos víctimas y verdugos de esta cadena alimenticia de los caladeros de las noches, respirando entre ceniceros humeantes, soñando despiertos en las madrugadas.
¿Sabes…? Te estoy hablando a ti, lector, o lectora.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Vendetta





La rabia rompe la tierra
para esconder tus raíces,
de avergonzados secretos,
de tantas frustraciones,
que alimenta el agua contaminada
de odios y temores.
Y retorciéndose en el fango,
entre finos hilos de venganza,
brotan los retoños verdes,
orgullosos, elegantes, espigados,
apuntan al cielo inclemente
recordando con sus frutos jugosos
los sinsabores de una vida engañada,
cuando pagas los pecados de los otros,
cuando te dejan en las umbrías soledadades
y tu alma se vuelve oscura,
húmeda, de tantas lágrimas,
rota, de desesperanza.
Ya no tienes ojos,
solo ramas y espinas,
ya no distingues a los amigos
porque todos son otros,
otros sin almas.
No te importan las caricias
Ni que coman tus frutos
Frutos venenosos
Asesina sin alma.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Amargura

Como con una pinza sujetaba el cigarrillo entre sus dedos, a la vez que lo contemplaba atentamente, igual que si fuera un diamante. El humo giraba retorciéndose en el aire hasta desvanecerse. También sus pensamientos confusos, que abrazaban su mente, extinguidos por los tragos de güisqui con hielo. Su mirada quemaba al camarero, que se negaba a servirle mas copas y le pedía que se fuese, como si fuera el culpable del infierno en el que se encontraba. Inspeccionado, por los allí presentes, los desafiaba entre insultos y gritos, apenas inteligibles. Nadie se atrevía a enfrentarse al médico del pueblo, sabían que no era mala persona, y mucho estaban allí gracias a él. En el fondo todos sabían que solo necesitaba desahogarse y olvidar, había sido un día muy duro. El bar se había convertido en un duelo y todos los que lo apreciaban estaban allí, compartiendo su inmenso dolor. Sin embargo, muchos empezaron a abandonarlo, heridos por la humillación y descalificaciones. Las miradas se cruzaron “¡y tu que miras mentecato! El joven corpulento se levantó sin dejar de mirar al matasanos cincuentón. Tras otro trago de güisqui vomitó fuego en forma de más ofensas contra el joven y su madre. El médico no lo vió venir y cuando quiso darse cuenta estaba rodeado de fuertes brazos: “¡Ya está bien papá, vamos a casa! Ya verás que la próxima temporada volveremos a ascender otra vez”.

sábado, 19 de septiembre de 2009

I´m yours

Una vez más, sobre el pegajoso sillón de piel, hacía equilibrio para no resbalar. Las palabras argentinas de aquella mujer de horteras gafas de pasta, pararrayos de las miradas que caían sobre sus grandes tetas bailonas, se mezclaban con el “I´m yours” que bajaba por el patio del edificio para colarse entre las persianas y bañar la consulta que parecía una sala del Louvre. Durante meses su mente sufrió el retorcimiento psicológico que prometía escupir unas pocas gotas enclaustradas desde hacía treinta y tantos años. Una inmensa cruz de granito paleozoico asfixiaba su garganta de la cual solo salía un hilito de pequeñas palabras en forma de papilla. Día a día fue perdiendo la . Aburrido, tarareaba la canción, mentalmente, en medio de los monótonos discursos de la doctora, sin dejar de mirar las zapatillas de cuero que se balanceaban en el extremo de aquellas piernas, enfundadas en unos pantalones amarillos de pata ancha. Arrepentido de perder su tiempo no tenía grandes esperanzas, a lo sumo ver levantarse a la bonaerense para contemplar su inmenso culo respingón.
-Evidentemente, la sobreprotección de su mamá y sus valores tradicionales y religiosos han condicionado el desarrollo de su personalidad y su carácter. Eso es lo que dificulta su capacidad de expresión.
-Si usted lo dice…
-Hoy vamos a hacer la sesión resolutiva de este problema. Déme la mano, cierre los ojos y concéntrese. Ahora, piense que yo soy su mamá, y que yo soy la culpable de su situación. Intente soltar mi mano mientras yo lo sujeto fuertemente. Cuando se suelte, es decir, cuando vos se libere, tendrá su propia voz y sus propias palabras. Ya no dirá más “pis” sino mear, cagar en vez de “hacer caca” y polla en vez de “pesetilla”.
El hombre enrojecido y sudoroso hacía un gran esfuerzo por abrir los ojos, sin desprenderse de su nueva mamá.
-Cuando cuente tres, vos se soltará de mí y me insultará de la forma más grotesca que pueda ¿Entendés?
-Sí, creo que sí… -titubeaba.
-Uno, dos y … tres.
-¡Me defeco en todos tus antepasadoss! –El grito inundó la habitación como un destello, ahogando la voz de Jordan Mraz. Los ojos del paciente parecían salirse de sus orbitas y una enorme sonrisa se abrió, pero pronto se analizó la frase buscando palabras de independencia y libertad y todo se volvió sombrío como la derrota, inútil y acabado. Un silencio en forma de sábana que cubre el cuerpo sin alma sepultó el trabajo de tantos meses. La respiración agitada se volvió cada vez más débil hasta convertirse en un suspiro y las manos restregaban las frentes decepcionadas.
-Bueno… vos no se preocupe. Esto es solo un pequeño tropiezo.
-No, lo siento, esto no funciona. Ha sido una pérdida de tiempo –Dijo el hombre trajeado mientras recogía su chaqueta y se ajustaba la corbata con un deseo inmenso de salir corriendo de allí, mientras volvía a escucharse “I´m yours”.
En medio del silencio abrió la cartera:
-¿Cuánto son sus honorarios?
- Bueno…, pues mil doscientos euros.
-¡Mil doscientos euros! ¡Hija de la gran puta! ¡Mil doscientos euros! –repetía sin parar- ¡Me cago en tu puta madre! –Fuera de sí, le tiró a la cara algunos billetes antes de despedirse -¡Vete a la mierda! –Y desapareció tras un portazo.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Consuelo

“Tuve que salir de allí”, me repetía insistentemente, como intentado justificarme, mientras, sudoroso, me aflojaba la corbata de aquel traje negro. “Ella me perdonará, lo sé, ella lo entenderá”. Como un autómata, con los ojos enrojecidos, mi mirada se perdía entre calles, persiguiendo las escasas sombras que se colgaban de algunas paredes sin apenas querer tocar el suelo. A esa hora de la tarde los sádicos rayos de sol se colaban por el cuerpo, como perforándolo, hasta llegar al estómago, recalentando todo el café que había tomado durante la noche. La acidez se mezclaba con el cansancio, la rabia y la pena, era como un barrizal que no dejaba fluir las ideas empantanadas. No sé cuanto tiempo pasó, ni cuantas calles vacías recorrí hasta que fuí tropezando con otras gentes, que me empujaban hacia dentro. Ahora, recuerdo sus lágrimas temblorosas, uniéndose al agua que salía por su nariz para empapar sus labios asustados. Cuando me vio, dio unos pasos vacilantes hasta agarrarme, como cuando los niños aprenden a caminar, y me lo dijo, a bocajarro, entre sollozos. Y ahora, tres meses más tarde, estoy aquí, sentado entre tanta gente, que no conozco, ni ellos a mí, mirando a un mismo sitio, a mismo hombre, apretando los dientes, cerrando los puños, afilando nuestras miradas, aguantando la respiración, levantándonos sigilosamente y … ¡Goooooooool!
Gritamos, lloramos y nos abrazamos mientras oigo los golpes de martillo sobre la lápida.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

A tu lado

Cuando muere el calor en tus manos,
ahogado por las lágrimas vacías,
tu sonrisa vacila, hasta perderse,
mientras tu piel se vuelve de un gris sin brillo
ahumando tu morenez.

Cuando una mirada amiga
te observa,
desde lejos,
ve como tus otoños se precipitan en tu alma,
escarchas astilladas por el golpe,
Duro y seco,
de agitada desilusión,
de arrastradas pisadas
que se niegan a recorrer el camino inverso.

Cuando te grito,
la voz se vuelve inútil
con el viento en contra
que roba las palabras.
Tu sombra,
mala sombra,
que te da la espalda,
avergonzada,
enlutada,
muerta en vida,
maltratada.

Cuando corro y te alcanzo,
mi aliento,
tu mirada
perdida,
desenamorada.

Y te abrazo,
como un amigo.
Y te beso,
como un hermano.

Tus sollozos
se pierden entre mis brazos
y de tu risa
brotan tibias primaveras
y de tus labios carnosos
mil gracias.
Y mi mano acaricia tu pelo.
Y mi corazón escondido muere enamorado.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

HOY

Este día quiero salir de mí,
de puntillas, sin mirar atrás
dejando ese cuerpo dolorido,
desgastado, incoloro.

Hoy no quiero ser más esclavo de mi esclavo.
Hoy quiero romper la cadenas de papel
que me momifican como un mal regalo;
alejarme lo suficiente y retorcerme en el éter,
sin necesidad de respirar,
y ahogarme en la lluvia fresca,
acribillándome, deshaciéndome
en una muerte limpia, en una muerte dulce
con champiñones y salsa de Champagne,
como si me degustara en lentos y breves sorbos.

Hoy quiero probarme,
para saber si me gusto;
mirarme con atención,
con cuidado,
con respeto.

Hoy quiero quererme,
como a un recién nacido,
y llorar, si fuera necesario,
sin dejar de reír.
Y mimarme…
Y crecer, sin prisas,
con el tiempo imprescindible
para contar estrellas,
muriendo las veces que sean precisas,
aprendiendo de mis errores,
bromeando con ellos.

Hoy quiero bañarme
en las lagunas de las dudas,
entre sus olas,
de espuma fresca,
sin temer navegar,
dejando estelas en el olvido.


Hoy quiero traspasar el espejo
y abrazarme,
como si fuera yo,
para quererte,
como si fueras tu.