Simón se estremeció al oír su nombre, que se alargaba en
un susurro sonoro y exótico atravesando el jardín dónde jugaba. Sorprendido, su
mirada buscó con curiosidad la fuente de aquellas palabras que se repetían,
hasta encontrarlo al otro lado de la valla. Era como se lo imaginaba, con aquel
vistoso traje largo de vivos colores y un enorme turbante que realzaba aún más
su enorme figura. Ya anochecía, pero pudo contemplar la profundidad de sus ojos
negros que resplandecían proyectando una mirada que atravesaba hasta llegar al
corazón. “Feliz Navidad”, dijo con una tierna sonrisa que casi abrazaba, antes de darle al pequeño niño,
boquiabierto e incapaz de reaccionar, una
preciosa caja envuelta en un papel brillante de elegantes colores y decorada
con una cinta de tela transparente, con brillos dorados y plateados. Su madre
enmudeció al ver a su hijo con aquella expresión de inmensa felicidad, sin que
tuviera tiempo de preguntarle por el autor de su regalo, mientras el presidente
seguía indiferente hablando con aquellos hombres. Melchor pudo escuchar la
explosión cuando se alejaba de la Villa ocultándose entre los árboles. “Alá es
grande”, dijo mientras cerraba sus ojos negros, encendidos por un odio que lo
carcomía por dentro.Este blog es un parto prematuro en el que el autor aún anda aprendiendo a cambiar pañales. A modo de incubadadora, solo pretendo que éste sea un lugar cálido y acogedor donde lo más importante sea compartir y aprender para seguir creciendo. ¡Bienvenidos!
viernes, 23 de diciembre de 2011
Melchor
Simón se estremeció al oír su nombre, que se alargaba en
un susurro sonoro y exótico atravesando el jardín dónde jugaba. Sorprendido, su
mirada buscó con curiosidad la fuente de aquellas palabras que se repetían,
hasta encontrarlo al otro lado de la valla. Era como se lo imaginaba, con aquel
vistoso traje largo de vivos colores y un enorme turbante que realzaba aún más
su enorme figura. Ya anochecía, pero pudo contemplar la profundidad de sus ojos
negros que resplandecían proyectando una mirada que atravesaba hasta llegar al
corazón. “Feliz Navidad”, dijo con una tierna sonrisa que casi abrazaba, antes de darle al pequeño niño,
boquiabierto e incapaz de reaccionar, una
preciosa caja envuelta en un papel brillante de elegantes colores y decorada
con una cinta de tela transparente, con brillos dorados y plateados. Su madre
enmudeció al ver a su hijo con aquella expresión de inmensa felicidad, sin que
tuviera tiempo de preguntarle por el autor de su regalo, mientras el presidente
seguía indiferente hablando con aquellos hombres. Melchor pudo escuchar la
explosión cuando se alejaba de la Villa ocultándose entre los árboles. “Alá es
grande”, dijo mientras cerraba sus ojos negros, encendidos por un odio que lo
carcomía por dentro.lunes, 12 de diciembre de 2011
Aires de cristal
En los aires de cristal
la luz juega en el laberinto
y recorre las miradas
caprichosas
escondiendo su vuelo.
En los aires de cristal
respiro
la luz que quiero
la que ilumina mi interior
como un pozo vacío y seco
de cristales rotos
esparcidos sobre la arena del
desierto.
En los aires de cristal me veo
como una botella que naufraga
y se hunde
ahogándose en el abismo
para echar raíces en el fondo.
En los aires de cristal me
reflejo
como el frío tras la ventana
cuando la cierra las noches
con la vaga esperanza de
encontrarme al amanecer.
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