viernes, 21 de diciembre de 2012

Ocupas



No, claro que no queremos vivir de esta manera, ¿pero qué podemos hacer si no tenemos dónde caernos muertos? –dijo resignado, y, ante la sorpresa del empleado, el ocupa volvió a meterse por el  agujero hasta desaparecer.
Después, tras permanecer durante un rato un tanto perturbado, el enterrador prosiguió su ronda  golpeando las lápidas, para saber si los inquilinos eran provisionales o definitivos.

domingo, 2 de diciembre de 2012

LA CANCIÓN OLVIDADA




El olor del tiempo muere lejos
cuando los sueños rotos nos olvidan
y las lágrimas huérfanas nos persiguen
entre la maleza del hastío y la rabia.

Lejos, cuando tu pelo se ondula
 en el viento envenenado de la memoria
y tus labios incoloros se deshacen en la distancia,
siguiendo el ritmo oscuro de los deseos,
a golpes del eco
que esparce  el aroma de tu taconeo azul;
presiento las huellas sobre el asfalto
hasta la trampa mortal
bajo la canción olvidada
de  noches de blanco satén.



sábado, 20 de octubre de 2012

Codorniz




El eco del prejuicio,
como el punzón  que golpea
a una codorniz malherida,
alumbra la palabra,
en el  rojo atardecer que resbala de las manos
y acaricia el silencio marmóreo,
bajo las miradas que se precipitan desde el cristal público,
maceta en la que  se exhibe la flor artificial
que da color a las mentiras,
cuadro grotesco que decora la pared de las conciencias
en las tristes mañanas ahogadas por el ruido
del viejo y negro piano de cola
desafinado instrumento prisionero de las sombras
cuando la lámpara se apaga, clandestina.


Reto en La Esfera Cultural

domingo, 14 de octubre de 2012

OTOÑO



Ana Déniz in memorian


Mientras nos ahogábamos en las sombras,
el otoño llegó sin darnos cuenta
y los caminos se perdieron bajo la hojarasca.

Este otoño agónico y seco
que se retuerce sobre sí mismo
con sus dobleces anunciando heridas más profundas
cuando la rabia se arruga hasta envejecer
y las lágrimas se convierten en una savia babosa y amarga.

Sí, el otoño ha llegado
y ha cubierto el cielo de nubes negras,
sobre las que anidan cuervos disfrazados de gaviotas
que nos arrancan del alma jirones de recuerdos.

El otoño ha llegado tarde,
 cuando ya no lo esperábamos
como un pozo infinito donde se vierten las esperanzas
como una noche oscura que nos cubre como una lápida.

Y en medio de tanto vacío
 el sueño nos acaricia  en las madrugadas
y las raíces  se encrespan en la memoria
cuando la brisa fresca arrastra la hojarasca
                                                 y los caminos nos buscan para llevarnos.

sábado, 15 de septiembre de 2012

La sal de tu ausencia



Alguna veces, cuando los días nos dejan solos,
huelo la sal de tu ausencia
y presiento el murmullo de tus secretos
que se petrifican en la roca.

La mirada naufraga entre las olas,
allá por el atardecer,
cuando el Sol acaricia el horizonte
y tu rabia contenida se adormece.

Entonces, me abrazas para sentirme isla,
 prisionero de tus orillas,
 libertad adherida
al azul inmenso.

Cierro los ojos para navegar en las noches
por los mares de espinas
cuando la luna siembra su velo
en el aleteo de luz
surcado por la estela de los viajeros
por donde se esparcen sus sueños.

Somos peces secos,
jareas de alma marina
que arrastran las corrientes
 para buscamos en las orillas:
esclavos, piratas, bucaneros y polizones;
hombres y mujeres de maletas vacías,
cruzadores de charcos de sueños rotos.

En el fondo descansan nuestras derrotas,
tumbas de sirenas  y sus cantos,
viento que se vuelve brisa aletargada
cuando se pierde la última batalla.

Hoy, también, vuelvo a oler la sal de tu ausencia
cuando llega la noche,
y escucho, al cerrar los ojos,
el oleaje que llevo dentro de mí
y me arrastra sin saber a dónde.

martes, 14 de agosto de 2012

Nos quedará el aire




Y después …
nos quedará el aire,
un desierto de silencios,
las palabras enterradas en la piel,
noches tibias adormecidas
que se esparcen en la memoria exiliada.

Nos quedará el eco y sus palabras,
el susurro de las conciencias,
que mecen el recuerdo envenenado en la rabia
y crecen echando raíces entre las malas hierbas.

Nos quedará un mar de cenizas,
lágrimas que hieren los horizontes,
donde se ahogan las madres ciegas de las cosas
cuando la tempestad amaina y ya no hay regreso.

Nos quedará un día,
un instante que permanece,
una imagen de una mujer desnuda,
una mirada limpia y penetrante
que busca en el interior de la gente
y remueve el fango miserable.

Nos quedará las manos vacías,
el espejo agrietado que rememora,
una concavidad donde cobijarnos
y acunar la desesperanza.
Nos quedará el aire,
frío y distante,
como cristales rotos,
 manchados de sangre,
un espacio irredento
donde conquistar los sueños.

ESCRITORES POR CIUDAD JUÁREZ.
Arinaga (AGÜIMES)
Marcos Alonso

miércoles, 6 de junio de 2012

Alma de nariz




            El día en que nació, sus ojos le negaron la mirada; sus oídos lo enclaustraron en el silencio; su voz,  sin savia que lo hiciera crecer, se marchitó para siempre. Desde entonces, el olor del llanto o el aroma de la risa fueron su único cordón umbilical que lo mantenía unido al mundo. Los años pasaron entre las frías fragancias del invierno y  los resecos amaneceres del verano; entre las rebeldes esencias de primavera y la fetidez otoñal de lo caduco.  Así, su nariz se convirtió en su alma, donde se acumulaban sus sentidos, que daban forma a sus sensaciones, sus sentimientos, sus emociones. Husmeó mil lugares, con sus emanaciones tan particulares que los rondaban: la pestilencia del vicio y  la degradación; el hedor penetrante del egoísmo; pudo diferenciar donde se respiraba solidaridad y bondad de aquellos otros lugares que apestaban a maldad y codicia.
            El día que lo operaron, sin saber por qué ni para qué, despertó horrorizado al comprobar que no podía olfatear la luz ni oler los colores. Todo le pareció insípido y sólo cuando cerraba fuertemente los ojos podía encontrarse con sí mismo y entender su mundo tan diferente al que acababa de descubrir. Desquiciado, el suicidio lo acercó a la muerte y lo alejó definitivamente de una vida aún por disfrutar. Desde entonces, dicen, que su alma penitente ronda por las noches  los cementerios adornados con flores frescas, los asilos llenos de ternura, o cualquier hogar donde una tarta al horno se haya quemado. También cuentan que su espectro tiene forma de una nariz grande y feliz.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Resistencia



No dejes que los muros de tu piel
te hagan prisionero
y te hagan isla.

No dejes que tus ojos
cieguen  tu alma ignorante
mientras los cuervos desesperan en el cielo.

No dejes de jugar
en la inocencia
y en las verdes orillas de las cosas.

No dejes que la noche te acurruque
y el miedo te espante
a la hora de las brujas.

No sientas el pulso temblar
cuando el cuchillo asesino
caiga en tu mano.

No dejes de pensar
palabras hermanas de las tuyas.

No dejes de llorar
cuando las almas rotas te aprisionen
y supliquen con lamentos tus heridas.
No vuelvas la mirada atrás
cuando te alejes del camino
y tu mano ensangrentada
acaricie a las víctimas.

No dejes de navegar
surcando entre la espuma y la brisa.

No,  dejes que seas náufrago
de tu destino;
que te lleve  la corriente a su antojo.

No, nunca dejes
que te lleve gratis la muerte.

viernes, 23 de marzo de 2012

Cuando cerré los ojos




Cuando cerré los ojos
dejé de oír sus gritos ahogados,
los que encogen el alma
 cuando el miedo revienta
cuando el dolor se desangra.

Primero la zarandearon y la insultaron
luego violaron a mi hermana,
la tuya,
la que siempre paga.

Destrozaron la vieja tele
 y sus cristales cayeron como lágrimas,
 cayeron las cortinas rojas sobre el suelo
y el suelo se llenó de golpes y de sangre.

El aire se tiñó de lamentos,
el amor de odio
el refugio en tumba
el grito en llanto.

Cuando cerré los ojos
las huellas se borraron.
El viento sobre la arena,
La piel quemada,
los tambores de guerra
la tierra mutilada.

Cuando cerré los ojos
hundieron sus uñas en el mar
de sangre negra,
de peces de plástico,
de gaviotas sin plumas,
de piel acerada.

Y sus carnes podridas de oro,
fueron devoradas
por rostros buenos,
por rostros malos,
los que salen en la tele,
los que siempre salen
cuando cerramos los ojos,
cuando apagamos los miedos
cuando nos ignoramos.

miércoles, 14 de marzo de 2012

El vecino de abajo



    Sus pasos acariciaban una alfombra de mentiras, rompiendo las hojas secas del otoño cuando el aire se manchaba de frío. Esa mañana, cerca de Gloucester Road, donde se levantaba su imponente casa victoriana, sus labios perfilaron esa sonrisa que acoge a los seres que parecen flotar en la autosuficiencia: una vida confortable sin sobresaltos, como una zona ajardinada que aseguraba su tranquilidad; una familia perfecta y ordenada en torno a una moral recta y a unos principios sólidos. Su bienestar descansaba en el bien común, en la ayuda al prójimo, y todo aquello que te permite dormir sin  quebrantar tu conciencia. Ya en su casa, tras acariciar a su viejo West Highland White Terrier, que corría a recibirlo, dejaba el abrigo en el perchero de la entrada  y se ponía cómodo. En el salón encontraba a su mujer tomando el té  y sus hijos bajaban a saludarlo para luego seguir con sus quehaceres. Tras excusarse, iba a la cocina donde preparaba rápidamente una especie de sopa muy líquida, casi sin color en la que flotaba, de forma anecdótica, algunos fideos. Al llegar a la puerta camuflada bajo la escalera, la abría y descendía a un  sótano oscuro con paredes de ladrillos mugrientos y húmedos. En ese espacio en el que se respiraba un aire fétido y denso se divisaba una cama en la que yacía alguien. Era un ser grande y fuerte, un hombre negro con el cuerpo cubierto por una sábana sucia y  ensangrentada  hasta el pecho. Al presentir su llegada, habría sus grandes ojos enrojecidos y sombreados por grandes ojeras y trataba de mostrar su gratitud con una forzada sonrisa. Su benefactor lo ayudaba a incorporarse un poco y le daba de comer. Tras terminar, el hombre grande y negro suspiraba, como si temiese algo. Entonces el hombre blanco al retirarle la sábana podía ver como el cuerpo medio podrido tenía parte de sus órganos al descubierto,  lo miraba a los ojos percatándose de su respiración agitada antes de agacharse, y agarrándolo con fuerza mordisqueaba sus intestino, el hígado, los riñones… mientras el hombre negro intentaba contenerse sin poder evitar retorcerse de dolor. Como si estuviera fuera de sí, el hombre blanco, insaciable, revolvía sus tripas y con las manos manchadas extraía jirones de carne de su pecho, algunas costillas,  petróleo, cacao, caucho, diamantes, marfil, esclavos, piedras preciosas…  

lunes, 12 de marzo de 2012


Las mareas

En las mareas,
donde anidan el tiempo perdido,
la cobardía de vivir
se va deshaciendo
lejos de la maleta
que persigue la mirada
cuando los pasos mueren
sobre una alfombra de mentiras.

En las mareas
perdemos los recuerdos
viajando
por los mares de espinas
dejando un reguero de huellas sin pisadas
que juran el retorno sin lamento
cuando las madres reposan en la ausencia
 y sus hijos anidan en sus tumbas.

En las mareas
los años deambulan mendigando
horizontes nuevos que conquistar
en un mar prestado  sin caricias
de sombras indoloras donde hundir las raíces
ahogándonos en la podredumbre
cuando sabemos que todo está perdido
pero incapaces de dejar el juego.

viernes, 20 de enero de 2012

Ataud




Se acercó sigilosa, despacio, engañando al tiempo para retrasar la despedida, el último adiós, el beso en sus labios fríos, el fin de una historia como cuando se pasa la última página antes de cerrar el libro. Sintió como sus fuerzas flaqueaban. Sus piernas, incapaces de mantener su cuerpo, provocaron que sus manos se apoyaran en la fina madera del ataúd  y sintió, entonces, su suavidad, como una tierna caricia que la reconfortó hasta provocarle una sonrisa. Se excusó en su abatimiento para rozar sus mejillas sobre la tapa de fina madera, repujada en sus bordes donde formaban graciosos elementos decorativos vegetales que caían por los laterales; disimuladamente extendió sus brazos sobre aquella obra maestra reconociendo sus formas y, así, pasó un rato, sin que se percatara de que su esposo seguía muerto. Cuando fueron a buscarla costó que reaccionara  y se apartara del precioso ataúd, cayendo en esa admiración todos los que se acercaban y tocaban su cuerpo de fino ébano. Cruzaban sus miradas incapaces de describir las sensaciones que ello  le producían, así,   el rumor se fue extendiendo  y multiplicando por todas las salas del tanatorio, atrayendo a todo tipo de gente que nunca habían conocido al difunto o a su familia. En menos de veinticuatro horas se inició toda una peregrinación llegando gentes de todos los barrios de la ciudad, incluso de otros lugares de la provincia. La noticia se había extendido por internet y los medios de comunicación  y al día siguiente empezaron a llegar más curiosos de todo el país y los primeros turistas extranjeros, junto a destacadas personalidades religiosas, políticas y del mundillo de los famosos. El gobierno autorizó que el velatorio se alargara durante cuatro días más, dada la repercusión mediática y las consecuencias económicas que de ese hecho se empezaba a producir, hasta que el mal olor se hizo inaguantable. Fue en ese momento cuando se reunieron las principales autoridades  para tomar una determinante  decisión: sustituir al difunto por otro más “fresco”. Es así como este lugar se ha convertido en un referente mundial, y, a pesar de haberse  creado otros tanatorios similares en régimen de franquicia,  ninguno como éste ha alcanzado la popularidad  y ese magnetismo, por eso no es de extrañar que el famoso ataúd haya sido declarado no sólo Bien histórico-artístico y Monumento nacional sino Patrimonio de la Humanidad.

La sal de tu ausencia

Alguna veces, cuando los días nos dejan solos huelo la sal de tu ausencia y presiento el murmullo de tus secretos que se petrifica...