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lunes, 12 de marzo de 2012


Las mareas

En las mareas,
donde anidan el tiempo perdido,
la cobardía de vivir
se va deshaciendo
lejos de la maleta
que persigue la mirada
cuando los pasos mueren
sobre una alfombra de mentiras.

En las mareas
perdemos los recuerdos
viajando
por los mares de espinas
dejando un reguero de huellas sin pisadas
que juran el retorno sin lamento
cuando las madres reposan en la ausencia
 y sus hijos anidan en sus tumbas.

En las mareas
los años deambulan mendigando
horizontes nuevos que conquistar
en un mar prestado  sin caricias
de sombras indoloras donde hundir las raíces
ahogándonos en la podredumbre
cuando sabemos que todo está perdido
pero incapaces de dejar el juego.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Aires de cristal




En los aires de cristal

la luz juega en el laberinto

y recorre las miradas caprichosas

escondiendo su vuelo.


En los aires de cristal respiro

la luz que quiero

la que ilumina mi interior

como un pozo vacío y seco

de cristales rotos

esparcidos sobre la arena del desierto.




En los aires de cristal me veo

como una botella que naufraga

y se hunde

ahogándose en el abismo

para echar raíces en el fondo.


En los aires de cristal me reflejo

como el frío tras la ventana

cuando la cierra las noches

con la vaga esperanza de encontrarme al amanecer.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Ojos cansados




Con los ojos cansados

vas echando raíces en el horizonte

con un dolor que pare gotas del recuerdo

mientras lloras

y maldices

las tierras lejanas

las que agrietan tu ausencia,

como un templo vacío

en el que los años se han ido desparramando

bajo la sombra que agujerea la conciencia

y encadena la huida

manchando la tierra

de huellas que huyen

hiriendo la muerte

mientras grita el alma.


Y lo lejos se hace infinito

y se vuelve sueño,

un sueño que adormece

desterrando el alma del viajero

como una sangre extraña

que se va envenenando de nostalgia

cuando la ciega mirada

 se vuelve olvido

y los ojos se duermen

desvaneciendo su rabia.

lunes, 31 de octubre de 2011

Sin nombre





Tus dedos dibujan letras en su cara,
mientras sonríes siguiendo su mirada
que se agarra a la vida estéril y seca
asiéndose a tu cuello
para no caer en el abismo,
buscando leche en tus pechos de piel y llanto,
encarándose ,malhumorado,
a los minúsculos buitres que lo acosan
y muerden sus labios y sus ojos
mientras él los golpea con su rabia.
Escribes sobre su piel
nombres impronunciables
porque sabes que apenas podrás usarlo
ni siquiera para  llamarlo cuando agonice
ni siquiera para seguir su rastro.
No necesitará mares
 para contemplar la belleza,
ni frondosos bosques para exaltar el espíritu
solo sentirás un suspiro
y lágrimas de alegría
al recoger el polvoriento mendrugo,
un grito de emoción
cuando la sed se alivia,
Y nosotros nos volveremos ciegos como él
para no vernos
ni reconocer su olor fétido en los basureros.

miércoles, 27 de abril de 2011

Refugio


 Vuelo entre los finos hilos
de un sucio azul, que se retuercen
sin prisas,
secuestrando mi mirada,
y lejos de todo me pierdo en la nada,
deshaciéndome como el humo que renuncia.

Floto en el tiempo
suspendido entre una nota y un silencio
ajeno a mi imaginación
en caída libre al infinito,
que me arropa entre sus límites inalcanzables,
del que se desprende un brillo hiriente y frío.






Es un espacio limpio y vacío
lleno de una paz sin preguntas,
donde me ahogo sin desesperación
y lentamente… me voy dejando,
pero siempre es tarde cuando regreso
y  siempre pronto para volver.

martes, 26 de abril de 2011

Vivir


Y cuando haya vivido mil años,
cuando haya conocido todos los lugares con sus rincones,
cuando haya visto miles de millones de miradas
y cuando haya contado todos los colores y los sabores
y distinguido todos los perfumes,
cuando haya reído tanto de todo lo que se puede reír
y cuando haya escrito todos los poemas,


entonces,…
ya no sabré que mirar
ni que vivir
y habré querido morir mil veces, todos los días
y sabré, entonces, que la vida también es muerte
y que los sueños son sueños
y que aunque no alcancemos la Luna con nuestras propias manos
podemos oler el Universo
y sentir su grandeza
sin necesidad de devorarla.

miércoles, 2 de febrero de 2011

De la tierra


De la tierra

Cuando el olor a tierra seca te angustia,
cuando sus cabellos blanquecinos se despeinan,
te ahogas en el presentimiento,
en la larga espera,
entre las horas que resbalan del reloj,
como gotas que golpean tu conciencia,
y un temblor recorre tu cuerpo
cuando presagias que la despedida está cerca.

Quieres abrir los ojos para no dormir
 y soñar despierto,
para que el mañana no llegue,
añorando los recuerdos
y maldiciendo los silencios
ladrones de tierra
y de madres que ya no volverán.

Revives el olor a tierra fresca,
al pacto de sangre y sudor que te vio nacer
y que se mezclan con la tierra fértil,
olor a hembra,
donde el barro nace
y el dolor pare hijos
gritando amor y rabia
en los caminos pedregosos,
con el paso firme que aprendimos tras ella,
como latidos que nos empujan,
con su mano que te sujeta,
con ternura, cocida a fuego lento,
entre risas,
con su sonrisa pícara,
en el juego,
con su mirada atenta.

Y cuando el horizonte se emborrona
en los ojos humedecidos
el puño aprieta
como el alma encogida
cuando vuelve a la tierra.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

La mirada


La mirada…
sueño de cristal
que se rompe en la noche inesperada,
  desgarrando, sus cortantes aristas, la carne.

Fluye
la roja sangre
manchando los cuadros rotos
 en otras noches
de rabia contenida
que rasgan, llorando, el lienzo.

La mirada…
afilada
hiere el presente,
que desprecia
  y desafía,
 en el grito contenido
en la renuncia al aire contaminado
que lo envuelve,
con ese gesto de rebeldía
donde nacen los recuerdos
donde brotan las lágrimas rotas
empapando los sentimientos
como pinceles que paren figuras,
desesperadas,
que quieren salir del cuadro,
que huyen del pasado,
 prisioneras…
de tu mirada.

Pilar Aguarón, Autorretrato, 1991.

sábado, 30 de octubre de 2010

Mujer de arena




Al atardecer las huellas persistentes
hieren la suave arena  rubia
escamando tu piel,
que lames con delicadeza
con la espuma de las olas.

La variopinta comunidad,
 como una hilera de hormigas,
se entrega con devoción
en la procesión silenciosa
de miradas perdidas,
que buscan su interior,
anestesiados por la fresca brisa
y el murmullo de las olas,
abandonándose al rumbo prefijado.

El piberío impío,
en franco desorden,
rompe el ritual
alejándose de la fila,
persiguiendo  jacas
hurgando en las tripas de las rocas,
mientras los niños vestidos de viejos
corretean descalzos por la arena
resistiéndose a la decadencia.
Y las olas parecen parir nuevos hijos
 que resbalan de sus crestas
 para deslizarse hasta la orilla.

El pecho se llena de olor a mar
y los interiores rebosan
limpiándolo todo.
El cuerpo se abandona
para que el alma fluya.

Te respiramos y te sentimos
cada latido
que golpea las rocas,
y tu respiración,
allá por la Cicer,
se vuelve agitada.
El sueño se hace pesadilla,
y el bramido de las aguas furiosas
revienta el aire
cuando ya anochece,
vomitando todo tipo de objetos
tras la resaca,
que se esparcen por la orilla.
Los trocitos de vidrios,
esmeraldas, blancos aperlados, ocres…  
como lágrimas mágicas,
decoran tu piel trasnochada,
y tus gemidos
resurgen en la batalla húmeda
retorciéndose entre las grandes olas
que lo inunda todo.
Mis pies siente tu calor
y tu piel transpira sudorosa
escondida en la noche
que avergonzada oculta las estrellas.
Y cuando ya llego al Rincón
suspiras,
 ya cansada,
 para volver a adormecerte
y entregarte a las olas
que se desvanecen en la orilla.
Al dar la vuelta,
cuando el final invita al regreso,
te vislumbro a lo lejos:
como tres montañas en la Isleta.
Tus pechos se mantienen erguidos
y entre ellos sólo se ve tu barbilla. 
Recostada sobre el mar,
 tus brazos se hunden a cada lado
y tu cuerpo se extiende por la ciudad
 iluminada hasta el Istmo
como un corpiño de lentejuelas hasta tu cintura.


Y cuando inspiro profúndamente,
como si quisiera tenerte toda,
cierro los ojos para engañarme
y esconderme en el sueño
donde te encuentro.

lunes, 11 de octubre de 2010

SARAQUSTA





Sobre los campos de batalla

se esparcieron las cenizas de tus hijos

y la tierra se volvió fértil y amable.



Ahora su orgullo se erige firme y férreo

sobre los tejados de sus moradores,

temerosos de la cólera de los dioses

con su aliento helado del Cierzo,

el inquisitorial tormento del sol del verano.





Impasible…

como en un remanso

recostada sobre el inmenso valle

el río te bendice con sus aguas

que son tus venas ensangrentadas,

la de tus hijos derramada,

la que amasa la tierra

de donde salen los ladrillos que te encarnan

construyendo Historia

entre murallas y llantos.



Y Como una gran madre

pariendo dolor

tu mirada se eleva

sobre la llanura,

vigilante



miércoles, 16 de junio de 2010

El renacimiento de Eva

Resurges impetuosa
enarbolando la razón de los deseos,
los hechos consumados de la imaginación;
provocadora,
te acompaña la mirada que petrifica,
gorgona contemporánea,
que acechas asesina;
humedad de voluptuosas formas,
gotas que acarician tu cuerpo
entre los granos arenosos
que condecoran tu piel mojada;
las huellas que se arrastran por el pasado,
de turbios recuerdos,
en la arena ensalitrada,
te persiguen atormentadas
sin alcanzar tu desmemoria,
y una ingenua sonrisa,
casi maliciosa,


borra esa estela
de espuma blanca,
que brota del semen marino
del dios dolorido,
déspota celeste,
violador de voluntades
que copula sobre la tierra fértil
y que te engendró
entre el grito desgarrado
y el deseo incontrolable.
Ahora llevas en los ojos
el brillo de tu padre,
su prepotencia
en tu belleza exultante,
su fuerza
en tu fragancia irresistible,
su rabia
en tu contoneo sinuoso,
su obsesión
en tus pérfidas promesas,
su locura
en tu deseo caprichoso
que contagias a los mortales,
arrebatándoles la razón
cuando la desesperación llega
tras desvanecerte en sus sueños.